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Y jueves 1 de mayo de 2014, Pedro Bernardo.

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No sabía que con aquellas zancadas que tanto me gustaba ver te estabas llevando para siempre contigo uno de los trozos más brillantes de mi alma de volón.

Pero no te preocupes, no te culpo por ese pequeño gran hurto. No te lo mereces, y mucho menos después de haberme ayudado a recomponerla tras mi reciente accidente en Granada.

Quédatelo. Espero que disfrutes de él tanto como yo voy a disfrutar cualquiera de los recuerdos que me lleguen a la cabeza en los tenga la amarga suerte de que aparezcas tú.

Una lástima que este mundo pierda tan pronto a una persona como tú. Una suerte haberte podido conocer antes, y saber que personas como tú pueden llegar a existir en este mundo.

Hasta siempre Juanito.

Sábado 6 de octubre de 2012, Pedro Bernardo

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Alas montadas en el el despegue oesteNos juntamos una buena tropa, y eso que no estaban varios de los habituales (como Armando, Juan, Piris o Lobo). Subimos a la oeste el Pirata, los Julios, los Carlos, Pinacho, Antonio “lechón”, Luismi, Procu, Pepe, Mario, Javi “yunquera” y yo. En total 13 pilotos, pero entre unos pocos le hicimos la gañanada del día al Pirata que se quedó sin volar (nos equivocamos de Litespeed al cogerla del local y encima la que subimos no tenía barra de control).

Viento fuertecillo pero no turbulento de suroeste, nubes en la montaña por debajo de la cuerda a unos 1900 a las que no era nada fácil subir. Pusimos una prueba imposible, Mijares-Higuera-Antenas-La Igle para las condiciones que había. Julio Sancho se quedó entre Mijares e Higuera, en las campas que hay entre La Adrada y La Igle. Julio “bomber”, “parapen” y yo aterrizamos en La Igle. Javi “yunquera”, Pepe y Carlos “ex-discus” en la campa del pilón de Casavieja. El resto tomaron en la oficial.

Yo estuve a punto de tomar en la campa de Casavieja. Con Carlos “parapen” hice la transición hasta Mijares después de girar juntos lo mejor para mí hasta ese momento que nos subió a algo más de 1800 en los picos previos a Miravalles (el Risco Flores, de 1731m). De camino, antes de la cascada, di unos cuantos giros a algo muy suave y subí hasta las barbas de la nube, por encima de los 1900. Entre Mijares y Casavieja con Carlos logré coger de nuevo casi 1800, pero buscando algo mejor para saltar hacia La Igle me quedé a unos 1300 que mantenía con facilidad pero que no lograba superar por más que lo intentaba. Por encima de mí “parapen” se volvió a poner a 1800 y tiró para La Igle.

Por debajo de mí estaban Javi y Pepe y casi a mi misma altura pero más al este Carlitos. Vi aterrizar en el pilón a Javi, luego a Pepe, y Carlitos se salió hacia el aeródromo y se mantenía girando ceros sobre ellos pero dijo por la radio que aterrizaría con ellos. Yo seguía intentando sin éxito ganar más altura sobre los pinos del Mogote (1372m) y todo apuntaba a que aterrizaría allí también.

Alas aterrizadas en el Egido de La IgleEl vario me decía que con los 1300 que tenía llegaba a La Igle con 20. Muy justo, pero confiaba en encontrarme algo por el camino. Y el caso es que no trinqué nada, pero tampoco perdía mucho, se planeaba muy bien por el valle y el vario según me acercaba mejoraba su cálculo, quedándose entorno a los 70 metros. En otras circunstancias hubiese dado media vuelta, pero las condiciones eran muy estables y confiaba en llegar si era necesario a la campa que hay cerca de la carretera entre La Igle y el cruce de Casavieja. Pero no hizo falta y finalmente llegué con la altura que me decía el vario… eso sí, ¡apretándolo todo! 😀

Sobrevolé el mesón para hacer una aproximación en U quedándome un pelín bajo en el giro final, pero con velocidad suficiente para hacerlo con seguridad y terminándolo bastante bien tratándose de La Igle.

Vuelete muy sutil y otoñal, preludio del fin de la temporada. Espero que se alargue todavía un poquito y nos de alguna que otra alegría más… ¡¡¡Jumilla nos espera!!!

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Domingo 25 de marzo de 2012, Pedro Bernardo

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Una de cal y otra de arena. Si el primer vuelo del año logré alargarlo contra todo pronóstico, en este me pegué un alicatazo mientras todos los demás, los Julios, el Pirata, Juanma y Pepe disfrutaron de un vuelete suave y placentero de unas dos horas.

En esta ocasión el viento estaba de este bien definido. Pepe nos tanteó a ver si alguno nos animábamos a subir a la rampa de madera. Venía preparado con alambres para arreglarla, pero al final todos nos quedamos en el despegue de abajo.

Salió primero Julio “Peter” ante las miradas atentas de todo el personal ya que la cosa no pintaba muy bien. Se había metido una capa bastante densa de cirros y no había mucha actividad. Pero Julio, volando con mucha suavidad y girando muy planito, no tardó en ponerse por encima del despegue. Así es que yo, que lo tenía ya todo listo, decidí salir a pesar de que Julio “Piedrahita” decía que era pronto por el cambio de hora de esa noche, y que los cirros estaban empezando a abrir. Quizás debería haberle hecho caso.

Cuando me coloqué para salir el viento estaba un poco de la derecha, así es que me busqué el mejor sitio para salir por la zona que Félix ha re-apañado este invierno. Despegué sin problemas desde allí. En principio la cosa no pintaba muy mal, tanteé un poco por la derecha, volví luego hacia el despegue, tanteé por la izquierda y zás! la primera termiquilla, muy agradable, con unos cuantos giros me puse por encima del despegue. Pero la perdí, o se perdió, así es que volví hacia el despegue, todavía no había salido ninguno más. Estaban todos ya debajo de sus alas excepto Julio, con Pepe y su Laminar en cabeza listo para salir.

Tenía la sensación de que estando a esa altura por allí les cortaba el royo para salir, así es que me fui hacia la derecha a probar suerte. Intenté girar algo que me salió rana y perdí bastante altura así es que continué hacia la sur. Por allí la cosa se puso más complicada. Debido a la fuga las térmicas tenían mucha deriva y me fueron metiendo cada vez más en el pueblo, y cuanto más me acercaba al pueblo más rotas y complicadas de girar eran.

Así es que estuve por allí peleando cada pompita que me entraba intentando al mismo tiempo regresar a la zona más orientada al este. No lo logré y en un momento dado enfilé hacia la campa. Por el camino me pitó algo que tampoco fui capaz de aprovechar y me hizo perder más metros.

Tantos que llegué a la campa con la altura justa para sobrevolar  la manga y hacer una U para entrar de este. En el giro pasé muy cerca de los árboles, demasiado para mi gusto, aunque tenía velocidad suficiente y pude sobrevolarlos sin problemas.

Había vientecito, no mucho pero lo suficiente como para hacer que el aterrizaje fuese muy fácil. Mientras plegaba todos estos se pegaron un vuelete muy majo, sin ganar demasiada altura pero siempre por encima del despegue.

La este de abajo tiene estas cosas. El año pasado tuve un par de vuelos o tres así… ¡a espabilar toca!

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Sábado 25 de febrero de 2012, Pedro Bernardo.

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Estrenando el año de forma casi inesperada. La previsión era muy buena y el despegue estaba a tope de parapentes. Con ala estábamos Antonio Lobo, Pepe, Julio Sancho, Félix y yo.

Al principio la cosa pintaba muy bien, rachas térmicas fuertecitas de oeste, aunque lo suficientemente suaves como para permitir salir a los parapentes. Pero según montábamos comenzó a meterse, entrando por el norte, una capa de cirros de dimensiones considerables.

Sus efectos no tardaron en notarse, y las rachas comenzaron a entrar cada vez con menos fuerza. Entre parapentes, salieron primero Julio y Lobo, y luego Pepe y Félix. Yo intenté salir detrás de Félix, pero cuando levantaba el ala no era capaz de sujetarla, se me escurría entre los guantes. Di media vuelta, me descolgué y fui al coche a por cinta para colocarla en los montantes a modo de superficie rugosa que me permitiese mantenerla sobre el suelo. Funcionó y salí sin problemas.

Cuando salí todos estaban aterrizados, se confirmaba que los cirros nos habían estropeado el día. Me fui hacia el morrete del campo de fútbol, donde había visto a algunos parapentes ganar bastante altura y a Lobo pelear como un jabato. No encontré nada que pudiese aprovechar y acabé perdiendo metros. Volví por encima del pueblo donde giré alguna cosilla que tampoco me permitió ganar casi nada. Seguí buscando mejor sustentación por la ladera ya muy bajito, por debajo del camino con los tejados del pueblo bastante cerca.

En la sur había un par de parapentes aguantando haciendo ochos en una de las gargantas donde suelen dispararse buenas térmicas. Cuando llegué me puse a hacer eso mismo a media altura entre ambos. Después de unos cuantos ochos logré engancharme a algo suave pero constante. El parapente que estaba encima de mí también la trincó, y juntos comenzamos a remontar lentamente.

Justo cuando llegué a la altura del camino bajaban las chicas con el coche y Rosa con los niños en la furgo. Saludito de rigor pero sin despistarme mucho, que la cosa no estaba como para andar perdiendo térmicas. Después de más de diez minutos girando el parapente y yo habíamos llegado a… ¡la altura del despegue! Poco más de 1200 metros, pero que sabían a gloria. Ya podía aterrizar feliz, con esa térmica ya había tenido mi remontada del día.

Tonteando por el risco logré ganar algo más de altura y tiré hacia el despegue para probar de nuevo por allí. Por la zona del despegue pasé sin pena ni gloria y llegué de nuevo al morrete del campo de fútbol. Esta vez tuve más suerte y por encima de las barbacoas que están en el camino logré trincar la mejor térmica del día, o por lo menos la que más alto me subió. La giré con casi toda la tensión metida después de un buen rato, techazo: 1450 metros.

Con esa altura probé suerte por la cuerda pero no encontré nada, por el despegue tampoco, por los riscos tampoco, salí hacia el pueblo y poca cosa, así es que poco después me vi en una situación similar a la inicial. Dos parapentes (uno de ellos yo diría que el mismo de la primera ocasión) sujetándose con las burbujitas de la sur y yo por allí a todo trapo de un lado para otro buscando algo. Pero esta vez no hubo suerte y terminé por enfilar hacia la campa.

Aterricé por primera vez con la Lites en la oficial. El viento estaba perfecto y esta vez no tenía escusa para no hacerlo. Aproximé haciendo ochos y me mantuve todo lo que pude con las manos en la barra de control, subiéndolas a los montantes cuando ya tenía el ala cerca del suelo en el planeo final. Empujón y aterrizaje perfecto para mi gusto. Ojalá termine pillándole bien el punto y haga muchos así este año.

Al final una horita y media de paseo con la Lites completando un vuelo que me ha recordado mucho al penúltimo del año pasado, muuu rico también aquel… ¡¡¡vuelete!!!

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Domingo 30 de octubre de 2011, Pedro Bernardo.

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El día era muy parecido al anterior, pero mejor. Más cúmulos, más altos y más metidos en el valle. Y por suerte… más gente!

Con Pepe, listos para salirAdemás de Fernando, Pana y otros parapentistas estaban Pepe y Carmen, Lobo, Andrés y Félix. Eso sí, los únicos con ala éramos Pepe y yo. Lobo había quedado con Félix para ver como se podría llegar a hacer un despegue de este al lado del de oeste.

Salió primero Pepe. El ala le hizo un extraño durante la carrera y me avisó de que el viento estaba traicionero. Comenzó girando algunas cosas suaves cerca del despegue pero poco después se hundió y estuvo a punto de irse abajo. Por suerte pudo trincar en la sur ya por debajo del segundo camino. Logró ponerse bastante alto y planeaba hacia la cuerda de la derecha del despegue cuando despegué yo.

Buena carrera y buena picada para salir con velocidad y evitar sorpresas, muy “pro” todo ello, y para seguir en ese plan me puse a girar ahí mismo, delante del despegue. Gané un poco de altura y tiré por el brazo de la derecha hacia el campo de fútbol. La cosa estaba mejor que el día anterior y desde allí en un ratito estaba con Pepe cerca de las nubes y unos 2000 metros.

Con Pepe a unos 1900

Con Pepe a unos 1900

Con esa altura me tiré por la cuerda hacia El Cabezo donde había permanentemente un grupete de nubes pocos metros por encima. Justo antes de llegar al puerto trinqué otra térmica con la que subí hasta ellas, a unos 2200, y en ese momento comenzó la parte más bonita del vuelo.

El Cabezo entre nubes IILas nubes tenían el tamaño justo para entrar en ellas sin agobios, ya que era muy raro completar un giro sin salir a un claro. Tiraban muy poquito, pero por todos los sitios y la sensación era muy muy agradable, entrando y saliendo de las nubes permanentemente. Una verdadera gozada. Lo más parecido a lo que sugiere el verbo volar, como si el hecho de jugar con las nubes hiciese más explícito que estábamos en el cielo.

Todo el día había habido una callecita de nubes por Cabeza Aguda, la sierra que baja desde El Cabezo hacia La Abantera. Desde donde estaba, en medio de tanta nube, no podía verlo (se podría decir que “las nubes no me dejaban ver la calle”) pero Pepe me confirmó que seguía ahí, así es que con unos 2300 puse rumbo La Abantera.

San Esteban y VillarejoBajando por allí la vista del valle de las cinco villas era espectacular, aunque desgraciadamente las fotos no pudieron hacer justicia a aquel paisaje porque el sol lo teníamos de cara. Girando cada cosita que me encontré por el camino llegué al puerto de Pedro Bernardo con unos 1900. Sin embargo ahí se acababan las nubes ni por el puerto ni por la propia Abantera había nubes, así es que decidí volver hacia “la zona coca-cola” (los riscos de la derecha del despegue).

Pepe ya no estaba por allí, y cuando le pregunté me confirmó que estaba aproximando para aterrizar. Estuve un ratito por allí ganando altura y me tiré al valle. Llegué hasta el río con unos 1000 metros y el vario no había dicho ni “mu” durante todo el planeo. Di media vuelta y puse rumbo a la campa, y acto seguido, como si para llevarme la contraria, el vario se puso a pitar.

Fue otro pequeño regalito de este fin de temporada tan generoso, este sí ya posiblemente el último de todos. Casi un cuarto de hora girando algo con la tensión a tope que apenas me levantó cien metros.

Cuando dejé aquella delicia, resistiéndome a ir a aterrizar sin más, fui hacia las naves que hay cerca del antiguo aterrizaje, al lado de la carretera de Buenaventura antes de llegar a la gasolinera. Y el caso es que algo me pitó por allí, pero no tenía mucha altura y al final decidí tirar hacia el aterrizaje con algo de altura para poder ver la manga.

Viento, al igual que el día anterior, muy flojo casi cero, y aterrizaje en la misma línea. Eso sí, esta vez no estaba solo en la campa, tenía buena a la par que entretenida compañía. Eso sí, Pepe y Carmen se marcharon en seguida porque no hacían puente.

Antes de desmontar hice esta foto a la Lites donde se puede apreciar la entrada del frente que posiblemente suponga, ahora ya sí, el final de esta temporada.

Ala, encina y frente

Ala, encina y frente

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Sábado 29 de octubre de 2011, Pedro Bernardo

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La previsión era incierta, de norte pero con vientos flojos, y quizás por eso ningún otra cometa apareció por allí ese día, espectacular por cierto en cuanto a claridad y profundidad en el paisaje. Cuando llegamos al despegue no había nadie pero cuando terminé de montar aparecieron Pana, Fernando y un amigo con sus parapentes.

Todo el despegue para las chicas y yo

El viento en el despegue estaba muy flojito, con ratos de calma total. Las rachas, cuando entraban, entraban tanto cruzadas de sur, como bien enfrentadas, como cruzadas de norte. Con el ala ya montada, después de un rato de calma, entró una racha suave de atrás. Por suerte fue una excepción a la regla.

Aunque había cúmulos por la cuerda estaba claro que la actividad era muy escasa y débil. Decidí salir detrás de los parapentes para tener más referencias. Despegué bien, con una buena carrera, y tiré hacia la izquierda donde estaban ellos.

Pana, que se había ido en busca de la térmica del campo de fútbol, se había quedado muy bajito y estaba girando una cosita muy suave encima de los tejados del pueblo. Yo estaba tonteando cerca de la ladera y decidí salirme en busca de su térmica.

La cogí con bastante altura sobre él y gracias a eso no nos molestamos, porque la térmica era sutil como ella sola: después de diez minutos girando en ella había logrado ganar 180 metros, poniéndome ligeramente por encima del despegue a una media de +0,3m/s… una gozada en realidad, anticipo de lo que sería el resto del vuelo.

Con la deriva me había acercado al pico de la térmica del campo de fútbol y me quedé por esa zona buscándola. Era todo tan suave que quién sabe, quizás la trinqué y la solté varias veces. Al final mantuve los giros de algo que parecía mejor que lo demás y me fui metiendo hacia atrás sin ganar demasiada altura. Al final la dejé y continué hacia el despegue rascando la ladera y vuelta a empezar.

Esta vez tiré hacia la ladera sur y allí trinqué la mejor térmica del día… un +2m/s!!! Con ella me puse a algo más de 1600 en la vertical del Risco. Se habían formado unas nubecitas en los primeros riscos que hay en la cuerda que sube a la derecha del despegue hacia El Cabezo.

La cuerda con nubesFui a por ellas, pero me faltó determinación a la hora de meterme en la cuerda a buscar sus ascendencias, y me quedé girando una cosita muy suave en el risco de la derecha del despegue, posiblemente demasiado alejado de las nubes. No tenía mucha fuerza pero era ancha y se podía girar muy plano. No gané mucha altura, y en lugar de seguir peleando por allí decidí volver a salir al campo de fútbol sin demasiada fortuna. Estaba claro que no era el día del campo de fútbol.

Volví a la ladera sobrevolando el pueblo y antes de llegar comencé a girar otro “cero coma” con el que me entretuve un rato. Sin ganar demasiada altura, bastante por debajo del despegue, tiré de por segunda vez hacia la sur.

Esta vez iba más bajito y no logré encontrar nada hasta casi el final de la falda sur, encima de una pared de roca que hay por debajo del segundo camino. Lo mismo, “cero coma” pero girable con cuatro dedos y muy planito, necesitando cinco minutos para ganar 70 metros a una media de +0,23m/s. De coña.

De ahí al aterrizaje con otro cerito por el camino. Aunque tenía intención de entrar en la oficial la manga totalmente caída me hizo cambiar de opinión y al final entré en la de al lado. Buen aterrizaje, con un par de pasos tras el empujón final, perfecto para mí con viento cero.

Un vuelo muy agradable para lo justas que estaban las condiciones. Lástima no haber sido capaz de trincar esas nubecitas, pero bueno, otra vez será.

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Miércoles 12 de octubre de 2011, Pedro Bernardo

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Siendo un día festivo en medio de la semana casi todo el mundo optó por Arcones, más cercano a Madrid y con muy buena previsión. De no haber sido porque tenía el ala en Navamorcuende yo también hubiese ido para allá, que este año no he volado allí y le tengo ganitas ya.

Por el Tietar andaban Juan, Armando y Julio que volaron el martes y dejaron la furgo de Armando arriba, en el despegue de suroeste. Julio y Armando no podían quedarse, pero apareció Félix. Juanma que en principio iba a venir finalmente optó también por Arcones.
Así es que sobre la una dejamos mi coche en la gasolinera y subimos en la furgo de Félix, él, Juan y yo.

Los figurasMientras montábamos unos amigos de Félix que vuelan en parapente le llamaron para decirle que subían al despegue. Cuando llegaron ya estábamos listos para salir. Les comentamos que a falta de una teníamos dos furgonetas para bajar, por si acaso podían bajar alguna de ellas. El día tenía muy buena pinta, totalmente soleado con viento suave de suroeste y rachas térmicas algo más fuertes.

Poco antes de las tres despegó Juanito y tras ganar un poco de altura hizo su ya clásica pasadita por el despegue. Después salí yo y me fui directamente recto en busca de la térmica del campo de fútbol, donde ya estaba girando Juan. La cosa estaba suave y, aunque inicialmente no se ganaba mucha altura, los giros se completaban cómodamente. En un ratito estábamos con 2000 metros. Félix tardó bastante en despegar y finalmente salió poco antes de que nosotros dejásemos esa térmica poniendo rumbo a La Abantera.

Con el viento de cara se avanzaba bastante bien. El vario me indicaba que teníamos unos 9km/h de oeste. Antes de llegar a La Abantera giramos un par de cositas que, aunque no ganamos mucho con ellas, nos permitieron llegar con algo más de altura. Encima de La Abantera giramos otra térmica, yo sobre la ladera sur, Juanito más metido en el altiplano de La Abantera. Subía mejor que yo (¡¡¡cómo vuela el tío máquina!!!) y poco a poco me fui dejando derivar hasta que terminé en su mismo núcleo.

Mombeltrán

Mombeltrán

Por la radio Félix me dijo que iba a cruzar el puerto de Mijares. Nosotros con unos 2000 tiramos hacia Ramacastañas, girando otra cosita poco después en la que yo me entretuve un poco más que Juan quedándome por detrás de él. Avanzamos bastante sin trincar nada y la cosa no pintaba muy bien. Cuando ya estaba pensando en dar media vuelta lo hizo Juan, así es que no espere a pasar por donde ya lo había hecho él sin éxito y puse rumbo a La Abantera de nuevo.

Llegué unos 50 metros por debajo de la cuerda, con la gran vista de la roca que tiene La Abantera en su cara suroeste delante de mí.

Volviendo a La Abantera

Volviendo a La Abantera

Nada más acercarme a las rocas de la izquierda el vario comenzó a pitar algo suave y mientras realizaba los primeros giros saludé a un par de personas que estaban allí arriba. Juan estaba también girando, pero más metido hacia Cinco Villas. En este punto nos separamos. Yo volví a Pedro Bernardo por donde habíamos venido, un poco más al sur, y él tiró por la cuerda del Puerto de Pedro Bernardo, por la Sierra Cabeza Aguda.

No gané mucha altura en La Abantera y llegué a la térmica del campo de fútbol sólo un poco más alto que cuando la pillé tras despegar. Desde ahí la clásica subidita por la cuerda de los riscos hasta el Risco Miravalles, el que hay arriba en el collado antes de llegar a El Cabezo. Durante la subida logré comunicarme con Félix que finalmente me confirmó que había aterrizado en “el campón” de La Adrada (el que hay en la salida hacia Sotillo a la izquierda).

En Miravalles estuve un buen rato buscando algo sin demasiada suerte, siempre por debajo de los cortados de piedra. En plena lucha me encontraba cuando en un giro pude ver a Juan bastante alto en El Cabezo. Seguí intentándolo un rato pero finalmente me di por vencido allí arriba y decidí probar suerte bajando de nuevo por la cuerda. Tuve que bajar bastante, pero al final la encontré en los cortados de piedra que están encima de la rampa de madera.

El Cabezo desde MiravallesCon esa térmica pude finalmente coronar El Cabezo. Juan ya no estaba por allí, pero para que no me sintiese solo esa gran cumbre tenía preparadas para mí un par de sorpresitas. Puse dirección Mijares con no mucha altura y rápido me puse por debajo de cuerda. Justo en el punto que me puse ganar algunos metros estaba tranquilo un ciervo con su hermosa cornamenta. A pesar de lo cerca del suelo que estaba girando no se asustó y pude verle mientras completaba un buen puñado de giros. Con la altura que gané en esa térmica seguí hacia Mijares y en seguida me entró otra térmica suave que comencé a girar con la tensión metida. Debajo de mí, elegante como ella sola, tenía el águila real que me había encontrado en mi anterior vuelo.

Tenía altura y me empeñé en hacerle una foto, aunque me costase perder metros. Le hice muchas fotos (todas malas, por supuesto) y perdí suficiente altura como para que se pusiera encima de mí. Ahí la tenía mejor para la foto, pero ya estaba muy cerca del suelo como para soltar el ala. Me inquietaba un poco tenerla encima, pero poco después desapareció.

Y nada, decidí trincar toda la altura que pudiese para tirarme al valle. Ya había sido un vuelo precioso y sólo faltaba terminarlo con un gran aterrizaje. Salí con 2300 y puse rumbo Navamorcuende, sólo para tantearlo. El vario casi hasta la vertical del Tietar me aseguraba que llegaba (raspado, eso sí) a la campa que tengo controlada en el altiplano de Navamorcuente, justo antes de caer hacia las granjas que hay entre Buenaventura y Sartajada. Desde la vertical del Tietar puse rumbo a la campa.

Juan estaba aterrizado en la oficial. Había viento suave de oeste y me planteé entrar yo también en la oficial. Sin embargo, cuando tendría que haber girado a derechas para entrar en la campa decidí seguir recto y hacer eso mismo pero en la campa de al lado. Mi objetivo principal era aterrizar bien para ir cogiendo confianza con la Lites. Ya tendré tiempo de entrar en la oficial. Y cumplí mi objetivo con un muy buen aterrizaje, aunque como comentaba las condiciones eran perfectas.
Mi Lites
Tras aterrizar me di cuenta de que había hecho el nudo del overdrive un cuarto más allá de lo habitual, lo que implicaba que había volado todo el tiempo entre más de media y toda la tensión, incluyendo el aterrizaje que hice con casi tres cuartos de tensión. Algo raro había notado. Sí, quizás un poco más dura, pero sobre todo que la tensaba y destensaba más rápido que en los otros vuelos. En cualquier caso me ha gustado y posiblemente comience a hacerle el nudo en esta nueva posición (donde el ala tiene ya metido un cuarto de tensión).

Los amigos de Félix habían bajado su furgo e iban a por él a La Adrada. Uno de ellos había aterrizado en Sotillo y les pillaba de camino. Mientras yo terminaba de desmontar Juan fue a la gasolinera a por mi coche, que trajo, como no, con el litro y las patatas de La Victoria 🙂

Subimos a por la furgo de Armando recordando viejos tiempos, viejos vuelos, y entre eso y la proximidad del final de esta temporada (estamos a mediados de octubre!!!) nos pusimos nostálgico-romanticones. En medio de aquello Juan dijo algo que me gustó muchísimo refiriéndose al vuelo en térmica. Me dijo: “El vuelo es un milagro”. Y es que me cuesta encontrar otra palabra que lo defina mejor.

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