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Sábado 26 y domingo 27 de abril de 2008, Pedro Bernardo.

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¡Primer 2-de-2 de la U2!

El sábado el despegue estaba complicado por la falta de viento y eso nos hizo salir con cuenta gotas. Además teníamos la compañía de varias docenas de parapentes que tenían allí convocada una prueba de la Liga Centro y tuvimos que esperar a que salieran todos.

Gracias a la larga espera tuve tiempo de sobra para adelantar el cuelgue tal y comentaba en el post anterior, y para tirar las primeras fotitos a mi, cada vez más querida, nueva cometa. Una por delante:

u2 en peter (intrados)

Y otra por detrás, con Paco al fondo, al que no veíamos desde hacía mucho, mucho, tiempo:

u2 en peter (extrados)

Salí el penúltimo por delante del Pirata sobre las séis de la tarde. Previamente, mientras salía un parapente que tenía delante, me di unas carreritas con el ala para provar la nueva posición del cuelgue en la carrera. Las rachas eran muy flojas pero despegué muy bien tras una larga y progresiva carrera.

En vuelo me sentí más cómodo con el cuelgue adelantado y, aunque no pude superar en ningún momento la altura del despegue, “anduve” más de media hora girando ceros por la ladera sur.

En el aterrizaje opté de nuevo por la campa grande que está al lado de la oficial para probar la nueva posición del cuelgue con más tranquilidad. El planeo final y la toma fueron bastante mejores que en el vuelo anterior, posiblemente gracias a ese puntito de velocidad que me da dicha nueva posición del cuelgue.

El domingo las condiciones parecian mejores que las del el día anterior y despegué tres horas antes, a las tres (a la una, a las dos… y a las trés;). Había rachas relativamente fuertes y volví a pecar de rata en lo que ha carrera se refiere. Si bien no fue un piscinazo como el de mi penúltimo vuelo, sí que me faltaron un par de piés o dos más. Por ahora no termino de pillarle el punto al viento generoso en el despegue.

El vuelo estuvo muy bien y por primera vez puse la U2 a planear. Habían salido Javi “Yunquera” y Mario delante de mí tirándose hacia la derecha, por el brazo que baja hacia la piscina natural. Yo hice tres cuartas partes de lo mismo y en breve estabamos los tres varios cientos de metros sobre el despegue. Dejándome derivar hacia atrás en una térmica terminé con unos 800 metros sobre el despegue en la vertical de Gavilanes (en el trayecto fue una gozada ver tanta agua chorrear por la montaña, y en particular por la cascada de la central eléctrica).

Con dicha altura enfilé hacia La Iglesuela, en principio asumiendo que necesitaría de otra térmica para poder llegar. Pero… ¡ah! ¡qué equivocado estaba! No sé si fue por las condiciones suaves (por el camino no encontré grandes ascendencias, pero tampoco grandes descendencias), por el buen estado del ala (fue mi primer planeo con un ala… ¡nueva!), o símplemente porque era altura suficiente, pero llegué a La Iglesuela marcándome una placentera línea recta… y todavía tenía por lo menos 200 metros sobre el pueblo.

Encima del pueblo el vario volvió a sonar y me puse a localizar la ascendencia. No andaba muy acertado cuando vi una pareja de rapaces girando por debajo de mí. Con ellas me fue mucho más fácil localizar el núcleo de la térmica. Sin embargo tampoco era muy potente y derivaba bastante hacia La Adrada. La parejita (creo que de cernícalos) fue ganando más altura que yo en cada giro y en un momento dado los dos estaban girando muy cerca de mí, para finalmente superarme. Poco después creo que llegamos al techo de la térmica y decidí que lo mejor que podía hacer era volver hacia La Iglesuela y aterrizar en su bonita y bien “equipada” campa.

En la aproximación los chopos cercanos a la campa estaban doblados indicando la presencia de viento fuerte de sudoeste. En el aire así se sentía también. Por ese motivo me relajé un poco, pensando que el aterrizaje sería sencillo. En el planeo final, a pocos metros del suelo, el ala perdió bruscamente altura acelerando la maniobra. No logré incorporarme a tiempo aunque pude empujar lo suficiente como para tomar sin mayores consecuencias. Fue el primer aterrizaje con la U2 en el que no terminé de pie y, a más allá de cuestiones estéticas y de montaje, comienzo a pensar que un poco más de quilla no le vendría mal para protegerme más en este tipo de aterrizajes (que no deseo tener pero que pueden volver a presentarse en cualquier momento).

Más tarde pude observar que en la campa apenas había viento mientras los chopos seguían con sus copas curvadas por el mismo. El caso es que dependiendo de la orientación y la fuerza, la campa de La Iglesuela puede llegar a estar bastante sotaventada por el propio pueblo.

Ya con la cervecita en una mano, y el vario en la otra me puse a mirar a los registros de éste último, en busca de un dato absurdo. En la primera página me mostró los datos de ese vuelo:

Altitud máxima: 1893m
Ascendencia máxima: 4.4 m/s
Duración: 1h 38 min.

En la segunda, Las máximas de todos los vuelos que he disfrutado:
Altitud: 3.626 m
Ascendencia: 8.7 m/s
Duración: 4 h. 6 min.

Y por último, en la tercera, el número total de vuelos y horas de vuelo:
Vuelos: 297
Tiempo: 01 h. 27 min.

Y claro, ¿cómo es posible que el total de horas de vuelo sea 1 hora y 27 minutos si sólo en este vuelo he estado volando 1 hora y 38 minutos?

Pues fácil, como decíamos en los billares de mi barrio, porque le he dado la vuelta al marcador: ¡ya tengo (al menos) 100 horas de vuelo!

Sábado 5 de abril de 2008, Pedro Bernardo.

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En Pedro Bernardo tuvo que ser. Por fin un vuelete en condiciones con sus laderas y sus termiquillas… ¡a la cuarta va la vencida!

Sin embargo tampoco fue el vuelo de mi vida.

En el despegue literalmente “me tiré a la piscina”: dí dos pasos y medio, la cometa hizo un amago de salir volando y dejé de correr (si es que había llegado a hacerlo). Al descargar mi peso sobre ella sufrió una perdida de altura notable, por suerte no la suficiente como para evitar el despegue, pero estuvo cerca.

El susto fue en el despegue oeste entre las 4 y las 5, cerrando “la ventana” de las alas delta ese día detrás de David “Potato”. En vuelo que yo supiese seguían Piris y Javi “Yunquera”. Abrieron el día Gunter y Julio “Piedrahita” (al que oí por radio que aterrizaría en La Iglesuela pero que no logro poner cara) por el despegue este de abajo, el que normalmente utilizan los parapentes. Más tarde ya por la oeste salieron Pepe, Mario, Juanito, Piris y David.

Y un servidor, como comentaba, el último, y las condiciones ya no eran hacerse muchas ilusiones. Termoladera eso sí para mantenerse sin muchos problemas pero con un techo que no supero los 1700 metros, unos 500 por encima del despegue. Estuve algo más de una hora y media dándome vueltecitas por la ladera del despegue y la que tiene enfrente, tirando hacia La Avantera.

Aproveché para meter tensión la tensión de la U2 por primera vez. Y aluciné. No sé si será algo normal en una cometa nueva pero desde luego ninguna de mis anteriores alas hizo jamás esto: al meterle la tensión a tope la barra de control se baja sola y lógicamente el ala se acelera considerablemente, más de lo que habitualmente yo acostumbro a hacer. Sin embargo, en las dos o tres ocasiones que lo hice, el vario me pitaba ocasionalmente ligeras ascendencias, como si la fineza mejorase respecto al vuelo sin tensión.

En el aterrizaje no tuve ningún problema pero como bien me apuntaron mis compis de vuelo, entré a la campa con poca velocidad (en concidiones suaves no es problemático, pero con poca velocidad se es mucho más vulnerable a posibles turbulencias). Cuando comencé a acercarme a la campa oficial estuve dudando sobre su conveniencia respecto de otra que tiene al lado infinitamente más grande y segura. Decidí no complicarme la vida en este primer vuelo en Piter (Bernard 🙂 y aterricé en esta última. Ya habrá tiempo para hacerlo en la oficial.

En el aterrizaje Pepe me comentó y creo que de forma muy acertada que podría probar a adelantar el cuelgue. La U2 viene con tres agujeros en la quilla para adelantar o atrasar el mismo. Para la U2 160 Wills Wing recomienda un pilotos entre 77 y 95 kilos (170 y 210 libras). Yo estoy en unos 80-82 kilos, más próximo a su límite inferior, por lo que posiblemente adelantar el cuelgue me permita ganar un poco de velocidad.

Y con un poco de suerte quizá ese pelín de velocidad también me ayude a evitar futuros piscinazos en mis despegues. Aunque sin duda para eso hay una solución tan segura como antigüa: correr.