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Domingo 15 de julio de 2012, Alto Rey.

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Tenían que pasar casi 20 años para que se cumpliese el sueño que me llevó a comenzar a volar: sobrevolar Muriel. En más de una ocasión he comentado mi obsesión por acercarme a esta zona, salvaje y bonita como ella sola, que tantos recuerdos tiene para mí. Muchos veranos bañándome en las aguas del Sorbe, dejándome caer con la bici por sus carreteras empinadas, jugando al rescate por las calles del pueblo, dando largos paseos río arriba, hacia el Pozo de los Ramos o río abajo, hacia el Pantano de Beleña (o antes, hacia la Ermita que este tapó).

Precisamente fue yendo y viniendo a este pueblo cuando, al pasar entre Humanes y Cerezo de Mohernando, veíamos mosquitos gigantes en el cielo de un cerro. Los mosquitos resultaron ser alas delta pilotadas por personas, y más tarde pude saber que el cerro era La Muela, una de las cunas del vuelo libre.

El fin se semana no tenía muy buena pinta a priori, pero siendo mediados de Julio no había que tirar la toalla hasta el final. El sábado daban oestes moderados y en el Alto Rey estaría demasiado cruzado para salir. El domingo daban vientos muy flojos de noreste por la mañana metiéndose, muy muy flojos en las horas centrales del día, girando a noroeste moderado por la tarde. O sea nortes, pero cero a mediodía.

Con esa previsión y teniendo que elegir por motivos familiares solo uno de los dos días, opté por arriesgarme y apostar directamente por el domingo. Es más seguro apostar por el sábado, ya que si sale malo siempre puedes lloriquear para ver si te dejan probar suerte también el domingo. Pero decidí jugármela, relajarme y disfrutar del sábado con Sara, mis padres, mi abuela y, principalmente, jugando con mis hijas.

Tenía claro que si existía alguna posibilidad volar ese domingo en el Alto Rey no podía tostarme, así es que me levanté temprano, desayuné a lo bestia para olvidarme de comida hasta después del vuelo, viendo que la previsión no había cambiado mucho y que, tal y como esperaba, con esos vientos en Barajas los aviones estaban entrando por el sur (con esa configuración es bastante raro que un avión sobrevuele el Alto Rey y la zona del Ocejón).

Puse rumbo a Bustares y pronto pude ver que a esas horas en el Alto Rey ya se estaban formando cúmulos muy chulos. Al llegar coloqué una manga en la campa “de las afueras” y otra en la campa de “las adentros”, que utilizan normalmente los parapentes y que con viento de suroeste o noreste es una buena opción también para las alas.

A las doce y poco estaba en el despegue. La manga estaba de sureste, pero una cinta colocada en uno de los postes rojiblancos para la nieve que hay a los lados del camino estaba de noreste. Bajé del coche y al acercarme hacia el despegue entraba una racha con la que se podía salir perfectamente, un poco cruzada de la izquierda pero válida. Al volver al coche para bajar el ala me asomé por la cara norte… y allí también estaba entrando bien, cruzado de la derecha, pero bien. Resumiendo, estaba de este muy flojo y subían rachas térmicas por ambos lados de la montaña. En aquel momento aquel era el único punto de la sierra en el que se estaban formando y deshaciendo cúmulos constantemente. Había que montar y salir antes de que las rachas se definiesen de atrás, como estaba previsto.

Mientras montaba subieron tres moteros y una pareja con un niño y una niña. Los moteros se quedaron conmigo pero la familia se subió a ver la ermita. Los moteros se fueron pero la familia, que bajó de la ermita cuando estaba terminando de montar se quedaron a verme despegar, y si lo finalmente lo hacía me bajaban el coche a Bustares (¡gracias!).

Ya colgado y preparado para salir el viento estaba prácticamente a cero, y cuando entraba alguna racha era muy cruzada de este. En un par de ocasiones miré una lomita que hay más a la derecha, más allá de la manga, mejor orientada aparentemente para ese viento. Pero no era el momento para experimentos y preferí correrla desde donde estaba cuando me entrase medianamente enfrentado. El problema era que cuando estaba medianamente enfrentado era con muy poca fuerza, y bueno, había que echarle valor para salir así. Se lo eché y a punto estuve de arrepentirme.

Según el vario era la una y veinte cuando finalmente corrí todo lo que pude y el ala comenzó a volar, pero lo hizo planeando muy cerca del suelo. Además se orientó hacia el viento girando un poco a la izquierda haciendo que el plano izquierdo llegase incluso a rozar ligeramente con algún arbusto. Yo ya tenía las manos en la barra de control y para corregir el rumbo empujé a tope echándome hacia la derecha y el ala, sin hacer ninguna brusquedad, giró suavemente a la derecha se alejó de la montaña. Y yo respiré sin entender muy bien como había podido salir así de bien de aquella situación. Posiblemente no teníamos velocidad suficiente para que ese empujón tuviese mayores consecuencias. O quizás la Litespeed es una pedazo de madre y me salvó de una buena torta.

En definitiva, sustazo de los buenos, que espero que al menos me sirva para no volver a hacer algo así nunca más. Cometí el error de dejarme llevar por la presión de la familia, que llevaba bastante rato esperando a que despegase. Estuve a punto de dar la vuelta al ala, darles las gracias y decirles que no me bajasen el coche, pero al final por aprovechar su ofrecimiento estuve a punto de hacerme daño.

Ya en vuelo, después del obligado resoplido, lo primero que pensé fue: “mamón, por lo menos haz que este susto haya valido para algo”. E inmediatamente después entramos en una térmica bastante agradable que me ayudó a hacer borrón y cuenta nueva… ¡a girar! Aunque era relativamente pronto la cosa ya estaba funcionando de maravilla y enseguida llegué a la nube.

Puse rumbo hacia la cuerda que hay entre el Alto Rey y el Ocejón que baja de norte a sur desde Aldeanueva de Atienza hasta La Nava de Jadraque, pasando por El Ordial y Arrollo de las Fraguas. Entre estos dos últimos pueblos, hace poco descubrí una campa que desde el suelo tiene bastante mejor pinta de lo que parece desde el aire. Tiene una gran encina en medio, pero alrededor de ella hay espacio suficiente para tomar casi en cualquier dirección (de este es estrecha y ligeramente cuesta abajo). Esa zona aparece en los mapas como El Rorró.

Encima de Arrollo de las Fraguas trinqué una cosa suave que fui derivando hacia atrás, llevándome hacia el norte y hacia a la vertical de la cuerda. Se estaban empezando a formar unas nubes en su parte más alta (y bonita), a la altura de Aldeanueva de Atienza, por lo que decidí ir adentrándome según iba ganando altura, tranquilo sabiendo que si la cosa se torcía podía llegar sobrado a la campa de El Rorró.

Pero no hizo falta. Cuando pensaba que esas nubes no estaban funcionando todo lo bien que a mi me hubiese gustado me enganchó un pepinazo que era incapaz de girar sin que en un punto del giro me levantase el plano hasta colocarme el ala prácticamente vertical. La perdí antes de llegar a la nube pero ya muy cerca de ella. Con esa altura desde ahí veía claro, y el vario me confirmaba, que podía “saltar” el Ocejón. Así es que puse rumbo Valverde de los Arroyos, sobrevolando La Huerce y Umbralejo y el nacimiento del río Sorbe, un sinfín de meandros en una zona preciosa pero eso sí, sin campas de ningún tipo en muchos kilómetros a la redonda.

Y antes de llegar a Valverde, aunque muy posiblemente podría haber pasado por encima del Ocejón sin problemas sin necesidad de girar nada más, me rajé. Hay que tener el corazón de un caballo para hacer ese salto. Tenía altura suficiente, el viento perfecto, y ahora tengo claro que además por el camino hacia el Ocejón me habría encontrado con buenas térmicas… pero no me atreví a terminar esa aventura. Así es que puse rumbo sur hacia La Nava de Jadraque sobrevolando la cara oeste de la cuerda por la que había subido. Primer intento fallido, todavía habría algunos más.

Al terminar la cuerda, justo antes de llegar a La Nava de Jadraque, el vario comenzó a pitar. Otra térmica guapísima con la que gané bastante altura pero que perdí antes de hacer techo. Con la altura que gané tiré hacia el Cerro Santotís (1560m) desde donde esperaba volver a trincar, y quizás, si ganaba la suficiente altura, saltar hacia Tamajón.

Antes de llegar a la vertical de Santotís entré en una zona en la que parecía cocerse algo, así es que me quedé por allí tanteándola. No tuve suerte y finalmente, ante la ausencia de campas por allí retrocedí de nuevo hacia el cerro que hay entre La Nava y Semillas, el Cerro Mermequero (1495m). Ese fue mi segundo intento fallido.

El Cerro Mermequero funciona de maravilla, por ahora no me ha fallado nunca. Llegué a su vertical con unos 200 metros sobre él y pepinazo. Estaba empezando a descartar llegar a Muriel y me planteaba coger al menos altura suficiente para volver a Bustares. Pero finalmente me subió lo suficiente como para que me animase a volver a probar suerte al Cerro Santotís. Esta vez me acerqué mucho más su vertical, pero no trincaba nada por allí, y de nuevo me puse nervioso por la ausencia de campas y volví hacia atrás. Tercer intento.

Volviendo, justo al atravesar la zona que en la segunda intentona había notado caldeadita, trinqué algo que parecía ya más prometedor. Sin embargo me costaba mucho centrarlo y a ratos subía bien, a ratos muy poquito. Gané bastante altura con ella, unos 800 metros, pero ya sí que estaba cansado de rondar Santotís y puse rumbo Alto Rey para cerrar el vuelo.

Sin embargo, a veces basta que uno tire la toalla para que de repente todo se de la vuelta. Poco después de poner rumbo a las campas de Bustares me entró otra térmica con la que gané 500 metros más, y con esa altura pensé, “venga, el último intento”.

La transición hacia la vertical de Santotís la hice perdiendo muy poca altura y poco después de pasarla adentrándome en la Sierra Gorda el vario comenzó a pitar de nuevo. Unos giritos con los que gané 300 metros y lo mejor, me derivaron de noreste, acercándome más a mi objetivo. El vario me decía que con esa altura llegaba a Tamajón con 900 metros, y ya no lo dudé… ¡¡¡adelante!!!

En esa transición con el viento aparentemente en cola el vario en ocasiones me decía que llegaba a Tamajón con más de 1000 metros, así es que me relajé del todo y en lugar de dirigirme hacia Tamajón cambié mi rumbo un poquito hacia la izquierda, para sobrevolar Muriel, mi viejo sueño.

Y allí estaba, disfrutando como un enano, porque encima aquello era una fiesta de térmicas potentísimas con las que me adentré un poquito en el pantano. Una pasada. Ahora me arrepiento de no haberme quedado un poquito más por allí y haber puesto tan rápido rumbo hacia Tamajón. Por el camino girito sobre Sacedoncillo para volver a verlo todo… guapísimo.

Si no trincaba nada el vuelo ya había sido un éxito. Desde allí estaba viendo Retiendas, el Pantano de El Vado, por el norte todo el valle hasta Majaelrayo, por el sur La Mierla, Beleña y al fondo La Muela. En Tamajón hay campas muy buenas y en mi casa estaba pasando el día mi hermano, que subiría a por mí encantado, y por supuesto disfrutaríamos de unos botellines de esos que saben a gloria. Pero en la vertical de Tamajón había una térmica muy muy guapa esperandome, con la que gané unos 800 metros… y claro pensé: “y si vuelvo al Alto Rey?”.

Puse rumbo hacia Almiruete, otro pueblo precioso, y como no podía ser de otra forma, en la vertical del Pozo de los Ramos, trinqué otra térmica. El vario me decía que llegaba a la campa de La Nava de Jadraque con 1000 metros de altura… ¡¡¡adelante!!!

Sin embargo esta transición no fue tan gozosa. Según avanzaba hacia La Nava el vario iba quitándole metros a su estimación inicial: 900… 750… 600… y campas en ese tramo, cero. Bueno cero no, hay algo que no me atrevo a llamar campa una en una zona llamada El Llano de la Choza, que precisamente para ese viento ofrecía su mejor versión (alargada de noreste a suroeste, con pendiente en contra hacia el noreste, de donde parecía soplar el viento).

Pero no me hizo falta, por el camino me encontré un cero que, dadas las circunstancias decidí girar. Poco a poco fue ganando fuerza y con ella fui ganando altura suficiente para llegar sobradamente a La Nava. Próximo objetivo: Bustares.

Curiosamente la última térmica había comenzado derivándome de sureste pero rápidamente comenzó a hacerlo de suroeste, así es que enseguida gané la vertical de La Nava, después la de Arroyo de las Fraguas y tenía altura suficiente para llegar a Bustares. Con ese viento y esa altura me puse como objetivo chulo llegar al despegue del que había salido. Me acerqué bastante pero según lo hacía tenía la sensación de que iba viento en cara, como si estuviese norte. Me dio cosa meterme en el sotavento y antes de llegar giré a la derecha hacia Bustares buscando las mangas que había puesto por la mañana.

La manga de la campa “de las adentros” no llegaba a verla bien, en su vertical tenía más o menos la altura del despegue. Tiré hacia la campa de “las afueras”, a la que llegué con una altura que me permitió ver perfectamente que estaba de… ¡noroeste!. Esa campa con ese viento nunca la había aterrizado y me parecía que era mucho mejor opción las que están al lado de esta más cerca del pueblo, al otro lado de los árboles. Con ese viento eran perfectas.

También estaba muy bien orientada otra en la que tomé hace un par de años que tiene un abrevadero y es ligeramente cuesta abajo hacia el suroeste, pero para el viento que había tenía buena pinta. No sabía si llegaba a esta así es que me dirigí hacia ella mirando con el rabillo del ojo las del pueblo por si veía que finalmente me quedaba corto, pero por el camino atravesé una termiquita que me permitió llegar a ella sin problemas.

Un ocho y aterrizaje fácil con un viento más fuerte que el que yo esperaba, pero manejable.

Vuelaco de 4 horas y 50 minutos con el que batía mi récord de duración y, lo más importante, cumplía un viejo sueño. Ahora toca buscarse otro… a por el Ocejón!!! 😉

Track del vuelo

P.D.: Este vuelo se lo dedico como no puede ser de otra forma, al tío Gabi, granaíno de pura cepa con el que espero volver a volar muy pronto en el Alto Rey.