Archivo mensual: febrero 2012

Sábado 25 de febrero de 2012, Pedro Bernardo.

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Estrenando el año de forma casi inesperada. La previsión era muy buena y el despegue estaba a tope de parapentes. Con ala estábamos Antonio Lobo, Pepe, Julio Sancho, Félix y yo.

Al principio la cosa pintaba muy bien, rachas térmicas fuertecitas de oeste, aunque lo suficientemente suaves como para permitir salir a los parapentes. Pero según montábamos comenzó a meterse, entrando por el norte, una capa de cirros de dimensiones considerables.

Sus efectos no tardaron en notarse, y las rachas comenzaron a entrar cada vez con menos fuerza. Entre parapentes, salieron primero Julio y Lobo, y luego Pepe y Félix. Yo intenté salir detrás de Félix, pero cuando levantaba el ala no era capaz de sujetarla, se me escurría entre los guantes. Di media vuelta, me descolgué y fui al coche a por cinta para colocarla en los montantes a modo de superficie rugosa que me permitiese mantenerla sobre el suelo. Funcionó y salí sin problemas.

Cuando salí todos estaban aterrizados, se confirmaba que los cirros nos habían estropeado el día. Me fui hacia el morrete del campo de fútbol, donde había visto a algunos parapentes ganar bastante altura y a Lobo pelear como un jabato. No encontré nada que pudiese aprovechar y acabé perdiendo metros. Volví por encima del pueblo donde giré alguna cosilla que tampoco me permitió ganar casi nada. Seguí buscando mejor sustentación por la ladera ya muy bajito, por debajo del camino con los tejados del pueblo bastante cerca.

En la sur había un par de parapentes aguantando haciendo ochos en una de las gargantas donde suelen dispararse buenas térmicas. Cuando llegué me puse a hacer eso mismo a media altura entre ambos. Después de unos cuantos ochos logré engancharme a algo suave pero constante. El parapente que estaba encima de mí también la trincó, y juntos comenzamos a remontar lentamente.

Justo cuando llegué a la altura del camino bajaban las chicas con el coche y Rosa con los niños en la furgo. Saludito de rigor pero sin despistarme mucho, que la cosa no estaba como para andar perdiendo térmicas. Después de más de diez minutos girando el parapente y yo habíamos llegado a… ¡la altura del despegue! Poco más de 1200 metros, pero que sabían a gloria. Ya podía aterrizar feliz, con esa térmica ya había tenido mi remontada del día.

Tonteando por el risco logré ganar algo más de altura y tiré hacia el despegue para probar de nuevo por allí. Por la zona del despegue pasé sin pena ni gloria y llegué de nuevo al morrete del campo de fútbol. Esta vez tuve más suerte y por encima de las barbacoas que están en el camino logré trincar la mejor térmica del día, o por lo menos la que más alto me subió. La giré con casi toda la tensión metida después de un buen rato, techazo: 1450 metros.

Con esa altura probé suerte por la cuerda pero no encontré nada, por el despegue tampoco, por los riscos tampoco, salí hacia el pueblo y poca cosa, así es que poco después me vi en una situación similar a la inicial. Dos parapentes (uno de ellos yo diría que el mismo de la primera ocasión) sujetándose con las burbujitas de la sur y yo por allí a todo trapo de un lado para otro buscando algo. Pero esta vez no hubo suerte y terminé por enfilar hacia la campa.

Aterricé por primera vez con la Lites en la oficial. El viento estaba perfecto y esta vez no tenía escusa para no hacerlo. Aproximé haciendo ochos y me mantuve todo lo que pude con las manos en la barra de control, subiéndolas a los montantes cuando ya tenía el ala cerca del suelo en el planeo final. Empujón y aterrizaje perfecto para mi gusto. Ojalá termine pillándole bien el punto y haga muchos así este año.

Al final una horita y media de paseo con la Lites completando un vuelo que me ha recordado mucho al penúltimo del año pasado, muuu rico también aquel… ¡¡¡vuelete!!!

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