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Sábado 6 de octubre de 2012, Pedro Bernardo

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Alas montadas en el el despegue oesteNos juntamos una buena tropa, y eso que no estaban varios de los habituales (como Armando, Juan, Piris o Lobo). Subimos a la oeste el Pirata, los Julios, los Carlos, Pinacho, Antonio “lechón”, Luismi, Procu, Pepe, Mario, Javi “yunquera” y yo. En total 13 pilotos, pero entre unos pocos le hicimos la gañanada del día al Pirata que se quedó sin volar (nos equivocamos de Litespeed al cogerla del local y encima la que subimos no tenía barra de control).

Viento fuertecillo pero no turbulento de suroeste, nubes en la montaña por debajo de la cuerda a unos 1900 a las que no era nada fácil subir. Pusimos una prueba imposible, Mijares-Higuera-Antenas-La Igle para las condiciones que había. Julio Sancho se quedó entre Mijares e Higuera, en las campas que hay entre La Adrada y La Igle. Julio “bomber”, “parapen” y yo aterrizamos en La Igle. Javi “yunquera”, Pepe y Carlos “ex-discus” en la campa del pilón de Casavieja. El resto tomaron en la oficial.

Yo estuve a punto de tomar en la campa de Casavieja. Con Carlos “parapen” hice la transición hasta Mijares después de girar juntos lo mejor para mí hasta ese momento que nos subió a algo más de 1800 en los picos previos a Miravalles (el Risco Flores, de 1731m). De camino, antes de la cascada, di unos cuantos giros a algo muy suave y subí hasta las barbas de la nube, por encima de los 1900. Entre Mijares y Casavieja con Carlos logré coger de nuevo casi 1800, pero buscando algo mejor para saltar hacia La Igle me quedé a unos 1300 que mantenía con facilidad pero que no lograba superar por más que lo intentaba. Por encima de mí “parapen” se volvió a poner a 1800 y tiró para La Igle.

Por debajo de mí estaban Javi y Pepe y casi a mi misma altura pero más al este Carlitos. Vi aterrizar en el pilón a Javi, luego a Pepe, y Carlitos se salió hacia el aeródromo y se mantenía girando ceros sobre ellos pero dijo por la radio que aterrizaría con ellos. Yo seguía intentando sin éxito ganar más altura sobre los pinos del Mogote (1372m) y todo apuntaba a que aterrizaría allí también.

Alas aterrizadas en el Egido de La IgleEl vario me decía que con los 1300 que tenía llegaba a La Igle con 20. Muy justo, pero confiaba en encontrarme algo por el camino. Y el caso es que no trinqué nada, pero tampoco perdía mucho, se planeaba muy bien por el valle y el vario según me acercaba mejoraba su cálculo, quedándose entorno a los 70 metros. En otras circunstancias hubiese dado media vuelta, pero las condiciones eran muy estables y confiaba en llegar si era necesario a la campa que hay cerca de la carretera entre La Igle y el cruce de Casavieja. Pero no hizo falta y finalmente llegué con la altura que me decía el vario… eso sí, ¡apretándolo todo! 😀

Sobrevolé el mesón para hacer una aproximación en U quedándome un pelín bajo en el giro final, pero con velocidad suficiente para hacerlo con seguridad y terminándolo bastante bien tratándose de La Igle.

Vuelete muy sutil y otoñal, preludio del fin de la temporada. Espero que se alargue todavía un poquito y nos de alguna que otra alegría más… ¡¡¡Jumilla nos espera!!!

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Domingo 15 de julio de 2012, Alto Rey.

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Tenían que pasar casi 20 años para que se cumpliese el sueño que me llevó a comenzar a volar: sobrevolar Muriel. En más de una ocasión he comentado mi obsesión por acercarme a esta zona, salvaje y bonita como ella sola, que tantos recuerdos tiene para mí. Muchos veranos bañándome en las aguas del Sorbe, dejándome caer con la bici por sus carreteras empinadas, jugando al rescate por las calles del pueblo, dando largos paseos río arriba, hacia el Pozo de los Ramos o río abajo, hacia el Pantano de Beleña (o antes, hacia la Ermita que este tapó).

Precisamente fue yendo y viniendo a este pueblo cuando, al pasar entre Humanes y Cerezo de Mohernando, veíamos mosquitos gigantes en el cielo de un cerro. Los mosquitos resultaron ser alas delta pilotadas por personas, y más tarde pude saber que el cerro era La Muela, una de las cunas del vuelo libre.

El fin se semana no tenía muy buena pinta a priori, pero siendo mediados de Julio no había que tirar la toalla hasta el final. El sábado daban oestes moderados y en el Alto Rey estaría demasiado cruzado para salir. El domingo daban vientos muy flojos de noreste por la mañana metiéndose, muy muy flojos en las horas centrales del día, girando a noroeste moderado por la tarde. O sea nortes, pero cero a mediodía.

Con esa previsión y teniendo que elegir por motivos familiares solo uno de los dos días, opté por arriesgarme y apostar directamente por el domingo. Es más seguro apostar por el sábado, ya que si sale malo siempre puedes lloriquear para ver si te dejan probar suerte también el domingo. Pero decidí jugármela, relajarme y disfrutar del sábado con Sara, mis padres, mi abuela y, principalmente, jugando con mis hijas.

Tenía claro que si existía alguna posibilidad volar ese domingo en el Alto Rey no podía tostarme, así es que me levanté temprano, desayuné a lo bestia para olvidarme de comida hasta después del vuelo, viendo que la previsión no había cambiado mucho y que, tal y como esperaba, con esos vientos en Barajas los aviones estaban entrando por el sur (con esa configuración es bastante raro que un avión sobrevuele el Alto Rey y la zona del Ocejón).

Puse rumbo a Bustares y pronto pude ver que a esas horas en el Alto Rey ya se estaban formando cúmulos muy chulos. Al llegar coloqué una manga en la campa “de las afueras” y otra en la campa de “las adentros”, que utilizan normalmente los parapentes y que con viento de suroeste o noreste es una buena opción también para las alas.

A las doce y poco estaba en el despegue. La manga estaba de sureste, pero una cinta colocada en uno de los postes rojiblancos para la nieve que hay a los lados del camino estaba de noreste. Bajé del coche y al acercarme hacia el despegue entraba una racha con la que se podía salir perfectamente, un poco cruzada de la izquierda pero válida. Al volver al coche para bajar el ala me asomé por la cara norte… y allí también estaba entrando bien, cruzado de la derecha, pero bien. Resumiendo, estaba de este muy flojo y subían rachas térmicas por ambos lados de la montaña. En aquel momento aquel era el único punto de la sierra en el que se estaban formando y deshaciendo cúmulos constantemente. Había que montar y salir antes de que las rachas se definiesen de atrás, como estaba previsto.

Mientras montaba subieron tres moteros y una pareja con un niño y una niña. Los moteros se quedaron conmigo pero la familia se subió a ver la ermita. Los moteros se fueron pero la familia, que bajó de la ermita cuando estaba terminando de montar se quedaron a verme despegar, y si lo finalmente lo hacía me bajaban el coche a Bustares (¡gracias!).

Ya colgado y preparado para salir el viento estaba prácticamente a cero, y cuando entraba alguna racha era muy cruzada de este. En un par de ocasiones miré una lomita que hay más a la derecha, más allá de la manga, mejor orientada aparentemente para ese viento. Pero no era el momento para experimentos y preferí correrla desde donde estaba cuando me entrase medianamente enfrentado. El problema era que cuando estaba medianamente enfrentado era con muy poca fuerza, y bueno, había que echarle valor para salir así. Se lo eché y a punto estuve de arrepentirme.

Según el vario era la una y veinte cuando finalmente corrí todo lo que pude y el ala comenzó a volar, pero lo hizo planeando muy cerca del suelo. Además se orientó hacia el viento girando un poco a la izquierda haciendo que el plano izquierdo llegase incluso a rozar ligeramente con algún arbusto. Yo ya tenía las manos en la barra de control y para corregir el rumbo empujé a tope echándome hacia la derecha y el ala, sin hacer ninguna brusquedad, giró suavemente a la derecha se alejó de la montaña. Y yo respiré sin entender muy bien como había podido salir así de bien de aquella situación. Posiblemente no teníamos velocidad suficiente para que ese empujón tuviese mayores consecuencias. O quizás la Litespeed es una pedazo de madre y me salvó de una buena torta.

En definitiva, sustazo de los buenos, que espero que al menos me sirva para no volver a hacer algo así nunca más. Cometí el error de dejarme llevar por la presión de la familia, que llevaba bastante rato esperando a que despegase. Estuve a punto de dar la vuelta al ala, darles las gracias y decirles que no me bajasen el coche, pero al final por aprovechar su ofrecimiento estuve a punto de hacerme daño.

Ya en vuelo, después del obligado resoplido, lo primero que pensé fue: “mamón, por lo menos haz que este susto haya valido para algo”. E inmediatamente después entramos en una térmica bastante agradable que me ayudó a hacer borrón y cuenta nueva… ¡a girar! Aunque era relativamente pronto la cosa ya estaba funcionando de maravilla y enseguida llegué a la nube.

Puse rumbo hacia la cuerda que hay entre el Alto Rey y el Ocejón que baja de norte a sur desde Aldeanueva de Atienza hasta La Nava de Jadraque, pasando por El Ordial y Arrollo de las Fraguas. Entre estos dos últimos pueblos, hace poco descubrí una campa que desde el suelo tiene bastante mejor pinta de lo que parece desde el aire. Tiene una gran encina en medio, pero alrededor de ella hay espacio suficiente para tomar casi en cualquier dirección (de este es estrecha y ligeramente cuesta abajo). Esa zona aparece en los mapas como El Rorró.

Encima de Arrollo de las Fraguas trinqué una cosa suave que fui derivando hacia atrás, llevándome hacia el norte y hacia a la vertical de la cuerda. Se estaban empezando a formar unas nubes en su parte más alta (y bonita), a la altura de Aldeanueva de Atienza, por lo que decidí ir adentrándome según iba ganando altura, tranquilo sabiendo que si la cosa se torcía podía llegar sobrado a la campa de El Rorró.

Pero no hizo falta. Cuando pensaba que esas nubes no estaban funcionando todo lo bien que a mi me hubiese gustado me enganchó un pepinazo que era incapaz de girar sin que en un punto del giro me levantase el plano hasta colocarme el ala prácticamente vertical. La perdí antes de llegar a la nube pero ya muy cerca de ella. Con esa altura desde ahí veía claro, y el vario me confirmaba, que podía “saltar” el Ocejón. Así es que puse rumbo Valverde de los Arroyos, sobrevolando La Huerce y Umbralejo y el nacimiento del río Sorbe, un sinfín de meandros en una zona preciosa pero eso sí, sin campas de ningún tipo en muchos kilómetros a la redonda.

Y antes de llegar a Valverde, aunque muy posiblemente podría haber pasado por encima del Ocejón sin problemas sin necesidad de girar nada más, me rajé. Hay que tener el corazón de un caballo para hacer ese salto. Tenía altura suficiente, el viento perfecto, y ahora tengo claro que además por el camino hacia el Ocejón me habría encontrado con buenas térmicas… pero no me atreví a terminar esa aventura. Así es que puse rumbo sur hacia La Nava de Jadraque sobrevolando la cara oeste de la cuerda por la que había subido. Primer intento fallido, todavía habría algunos más.

Al terminar la cuerda, justo antes de llegar a La Nava de Jadraque, el vario comenzó a pitar. Otra térmica guapísima con la que gané bastante altura pero que perdí antes de hacer techo. Con la altura que gané tiré hacia el Cerro Santotís (1560m) desde donde esperaba volver a trincar, y quizás, si ganaba la suficiente altura, saltar hacia Tamajón.

Antes de llegar a la vertical de Santotís entré en una zona en la que parecía cocerse algo, así es que me quedé por allí tanteándola. No tuve suerte y finalmente, ante la ausencia de campas por allí retrocedí de nuevo hacia el cerro que hay entre La Nava y Semillas, el Cerro Mermequero (1495m). Ese fue mi segundo intento fallido.

El Cerro Mermequero funciona de maravilla, por ahora no me ha fallado nunca. Llegué a su vertical con unos 200 metros sobre él y pepinazo. Estaba empezando a descartar llegar a Muriel y me planteaba coger al menos altura suficiente para volver a Bustares. Pero finalmente me subió lo suficiente como para que me animase a volver a probar suerte al Cerro Santotís. Esta vez me acerqué mucho más su vertical, pero no trincaba nada por allí, y de nuevo me puse nervioso por la ausencia de campas y volví hacia atrás. Tercer intento.

Volviendo, justo al atravesar la zona que en la segunda intentona había notado caldeadita, trinqué algo que parecía ya más prometedor. Sin embargo me costaba mucho centrarlo y a ratos subía bien, a ratos muy poquito. Gané bastante altura con ella, unos 800 metros, pero ya sí que estaba cansado de rondar Santotís y puse rumbo Alto Rey para cerrar el vuelo.

Sin embargo, a veces basta que uno tire la toalla para que de repente todo se de la vuelta. Poco después de poner rumbo a las campas de Bustares me entró otra térmica con la que gané 500 metros más, y con esa altura pensé, “venga, el último intento”.

La transición hacia la vertical de Santotís la hice perdiendo muy poca altura y poco después de pasarla adentrándome en la Sierra Gorda el vario comenzó a pitar de nuevo. Unos giritos con los que gané 300 metros y lo mejor, me derivaron de noreste, acercándome más a mi objetivo. El vario me decía que con esa altura llegaba a Tamajón con 900 metros, y ya no lo dudé… ¡¡¡adelante!!!

En esa transición con el viento aparentemente en cola el vario en ocasiones me decía que llegaba a Tamajón con más de 1000 metros, así es que me relajé del todo y en lugar de dirigirme hacia Tamajón cambié mi rumbo un poquito hacia la izquierda, para sobrevolar Muriel, mi viejo sueño.

Y allí estaba, disfrutando como un enano, porque encima aquello era una fiesta de térmicas potentísimas con las que me adentré un poquito en el pantano. Una pasada. Ahora me arrepiento de no haberme quedado un poquito más por allí y haber puesto tan rápido rumbo hacia Tamajón. Por el camino girito sobre Sacedoncillo para volver a verlo todo… guapísimo.

Si no trincaba nada el vuelo ya había sido un éxito. Desde allí estaba viendo Retiendas, el Pantano de El Vado, por el norte todo el valle hasta Majaelrayo, por el sur La Mierla, Beleña y al fondo La Muela. En Tamajón hay campas muy buenas y en mi casa estaba pasando el día mi hermano, que subiría a por mí encantado, y por supuesto disfrutaríamos de unos botellines de esos que saben a gloria. Pero en la vertical de Tamajón había una térmica muy muy guapa esperandome, con la que gané unos 800 metros… y claro pensé: “y si vuelvo al Alto Rey?”.

Puse rumbo hacia Almiruete, otro pueblo precioso, y como no podía ser de otra forma, en la vertical del Pozo de los Ramos, trinqué otra térmica. El vario me decía que llegaba a la campa de La Nava de Jadraque con 1000 metros de altura… ¡¡¡adelante!!!

Sin embargo esta transición no fue tan gozosa. Según avanzaba hacia La Nava el vario iba quitándole metros a su estimación inicial: 900… 750… 600… y campas en ese tramo, cero. Bueno cero no, hay algo que no me atrevo a llamar campa una en una zona llamada El Llano de la Choza, que precisamente para ese viento ofrecía su mejor versión (alargada de noreste a suroeste, con pendiente en contra hacia el noreste, de donde parecía soplar el viento).

Pero no me hizo falta, por el camino me encontré un cero que, dadas las circunstancias decidí girar. Poco a poco fue ganando fuerza y con ella fui ganando altura suficiente para llegar sobradamente a La Nava. Próximo objetivo: Bustares.

Curiosamente la última térmica había comenzado derivándome de sureste pero rápidamente comenzó a hacerlo de suroeste, así es que enseguida gané la vertical de La Nava, después la de Arroyo de las Fraguas y tenía altura suficiente para llegar a Bustares. Con ese viento y esa altura me puse como objetivo chulo llegar al despegue del que había salido. Me acerqué bastante pero según lo hacía tenía la sensación de que iba viento en cara, como si estuviese norte. Me dio cosa meterme en el sotavento y antes de llegar giré a la derecha hacia Bustares buscando las mangas que había puesto por la mañana.

La manga de la campa “de las adentros” no llegaba a verla bien, en su vertical tenía más o menos la altura del despegue. Tiré hacia la campa de “las afueras”, a la que llegué con una altura que me permitió ver perfectamente que estaba de… ¡noroeste!. Esa campa con ese viento nunca la había aterrizado y me parecía que era mucho mejor opción las que están al lado de esta más cerca del pueblo, al otro lado de los árboles. Con ese viento eran perfectas.

También estaba muy bien orientada otra en la que tomé hace un par de años que tiene un abrevadero y es ligeramente cuesta abajo hacia el suroeste, pero para el viento que había tenía buena pinta. No sabía si llegaba a esta así es que me dirigí hacia ella mirando con el rabillo del ojo las del pueblo por si veía que finalmente me quedaba corto, pero por el camino atravesé una termiquita que me permitió llegar a ella sin problemas.

Un ocho y aterrizaje fácil con un viento más fuerte que el que yo esperaba, pero manejable.

Vuelaco de 4 horas y 50 minutos con el que batía mi récord de duración y, lo más importante, cumplía un viejo sueño. Ahora toca buscarse otro… a por el Ocejón!!! 😉

Track del vuelo

P.D.: Este vuelo se lo dedico como no puede ser de otra forma, al tío Gabi, granaíno de pura cepa con el que espero volver a volar muy pronto en el Alto Rey.

Sábado 20 de septiembre 2008, Alto Rey

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El último vuelo del año fue en la zona en la que, rompiendo cualquier pronóstico que hubiese podido hacer, más y mejores vuelos disfruté.

El viento estaba ligeramente cruzado de la derecha, lo que hizo que el comienzo del vuelo se desarrollara por encima de Gascueña de Bornova y Prádena de Atienza. Tras varias intentonas en las que el viento y la deriva siempre volvían a colocarme entre estos dos pueblos, finalmente logré llegar hasta Bustares con cierta altura. No mucha, pero suficiente como para llegar a las campas grandes que hay camino de Las Navas de Jadraque. Para mi sorpresa justo encima del puente trinqué una térmica bastante maja que girándola a izquierdas nos subió de nuevo a unos 2800.

Con esa altura decidí poner rumbo hacia unos prados inmensos (en la siguiente foto se ven arriba a la derecha) que hay antes de entrar en un zona con muchas curvas camino de Las Navas de Jadraque:

Las Navas de Jadraque

El rumbo lo llevaba ligeramente modificado hacia el oeste con una segunda intención. Si lográbamos ganar más altura podríamos llegar hasta La Nava de Jadraque, al lado de la carretera de Galve del Sorbe. Allí tenía controlada una campa decente, no tan buena como estos prados de Zarzuela, pero mucho mejor para la “recogida”.

El caso es que según nos íbamos acercando a la vertical de los prados me di cuenta de que con aquella altura podíamos llegar perfectamente hasta La Nava. Así es que finalmente terminé de orientar el ala hacia el oeste, quedando el Ocejón delante de nosotros, y apretamos los sables para planear hasta allí.

Por el camino sobrevolamos El Ordial y Arroyo de las Fraguas y finalmente llegamos a la campa de La Nava con altura suficiente como para buscar algo por allí.

No encontramos nada y decidí preparar la aproximación. La campa era grande pero tenía (y tiene) un árbol justo en el centro, por lo que la cosa merecía toda la atención posible. El aterrizaje fue correcto, aunque la tuve que correr y se me desvió al final un poquito a la derecha.

Y fin de temporada. En total fueron veintiún vuelos con los que la U2 160 me dejó un buen sabor de boca de cara al invierno. Me da bastante confianza en los despegues con poco viento, aunque tengo que hacer un mayor esfuerzo que con mis anteriores alas por mantener el ángulo cuando el viento es más fuerte. Girando es muy cómoda, mucho más que la Laminar ST 13 con la que tenía la sensación permanente de “colarme” en la térmica, pero sin duda no tanto como mi vieja XS, qué parecía girar sola. En las transiciones sin embargo es una gozada, un planeo más que decente sin el cabeceo que me solían hacer aquellas. En las tomas es donde la (me) pondría la puntuación más baja. Sin duda no es un problema de la cometa, sino de su tamaño para mi peso. Algo menos de vela hubiera sido lo ideal, pero creo que con el lastre la situación está más o menos controlada de cara a esta nueva temporada que se nos echa encima…

¡hola!

¡¡¡A VOLAR!!!

Viernes 5 y lunes 8 de septiembre de 2008, Castejón de Sos.

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Tuca de Urmella (2532m)Siempre estará mi recuerdo como una de las zonas de vuelo más sobrecogedoras de todas las que he conocido. Porque lo es, pero además porque la primera vez que volé en ella me pilló en un momento en el que, aunque llevaba ya unos años volando, todavía no conocía lo que era hacerlo entre montañas de estas dimensiones. Fueron unas vacaciones inolvidables junto a Matilde, Fidel y Ricardo en las que empezamos volando en Arangoiti (Lumbier, Navarra), seguimos haciendo lo propio en Loarre (Huesca) para terminar en este popular valle de la Ribagorza. Aquel verano de 1996 siempre lo recordaremos también por la tragedia que tuvo lugar a pocos valles de aquel, en el camping Las Nieves de Biescas. Aquella misma tarde nosotros cuatro nos cobijábamos de las tormentas en nuestras tiendas de campaña, también en un camping situado a pocos metros de un río… los móviles todavía no eran de uso generalizado y la cabina del camping Alto Ésera tuvo pocos minutos de descanso hasta bien entrada la noche. Pero bueno, volvamos al post, que enseguida “me voy por las nubes”.
Ambos vuelos fueron similares en cuanto a duración (cerca de la hora y media), techo (las nubes estaban a 2700 el viernes y a 2800 el lunes), máximas ganancias (sobre los 3 m/s) y rumbo (hacia delante en busca de la Sierra Calva y lento retroceso hacia el aterrizaje (sobrevolando el Congosto del Ventamillo y Chía ) tras llegar a la vertical de Gabás con unos 1.800 metros). En ambos me metí ligeramente en las nubes y en ambos compartí ratos con los buitres de la zona. Sólo el comienzo y el final fueron claramente distintos.

En el primero no tardé ni en despegar ni en trincar poco después a la derecha del despegue. El lunes sin embargo un viento muy flojo nunca quería soplar bien orientado, y recorrí con el ala a cuestas prácticamente todo el despegue, bajando cada vez más en busca de una mayor pendiente. En un momento dado logré salir corriendo mucho con una racha que tampoco fue ninguna maravilla. Fue correcto, sobre todo teniendo en cuenta la baja densidad que tiene el aire a los más de 2.300 metros de altitud que tiene este despegue.

Ésera entrando al Congosto del VentamilloAmbos aterrizajes fueron en la campa oficial, pero el viernes tomé de sur y con viento racheado, mientras que el lunes lo hice de norte prácticamente con viento cero. Tal y como había decidido en el vuelo de Baltar, volé con un lastre de 3 kilos saliendo además con litro y medio de agua en la camelback. Este peso adicional me pilló desprevenido en el primero de los aterrizajes en el que, dada mi falta de experiencia “lastrado”, terminé hincando las rodilleras debido a la inercia de mi “nuevo” peso. En el segundo, ya prevenido, logré tomar sin perder la vertical a pesar del viento cero que aplastaba la campa.

En estos vuelos por fin pude hacer algo que llevaba tiempo intentando pero que hasta entonces no había logrado todavía a bordo de la U2: ¡¡¡fotos!!!

Aunque no logré salir del valle y llegar Campo como soñé desde alquilamos allí la casa, fueron vuelos los dos de los que se te quedan grabados para siempre, incluso sin fotos.

El Turbón y el collado de...

Espero volver antes de que pasen otros doce años.

Sábado 26 de julio de 2008, Alto Rey.

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Subimos por la mañana al despegue de Arcones y la cosa pintaba regular. El viento estaba más bien de atrás y al igual que el día anterior estaba lleno de parapentes participando en el campeonato de España. Siendo el cumpleaños de mi padre y de mi abuelo no podíamos quedarnos allí esperando a que el viento cambiase. Teníamos que llegar con tiempo a la cena en Muriel). Por otro lado las rachas que pudiesen entrar ocasionalmente serían aprovechadas por grupos de parapentes en la última o penúltima manga de competición a los que sería mejor no molestar.

Así es que decidimos ir al Alto Rey que, además de tener orientación sur, estaba a menos de media hora de nuestro objetivo final para ese día.

Llegamos al despegue pasadas las cinco de la tarde y despegué sobre las seis aproximadamente. Las rachas que entraban comenzaron a ser cada vez más flojas y tuve que hacer una larga e intensa carrera para despegar. Tras hacerlo y durante un período bastante prolongado no atravesé ascendencia alguna. Me marqué un planeo de caída en línea recta hacia el aterrizaje al que parecía predestinado inevitablemente.

Cerca de la vertical de la campa nos entró una pequeña ascendencia a la que tratamos de agarrarnos con sables y dientes. Sin embargo no terminábamos de ganar altura con ella y decidí abandonarla. Antes de abrir el arnés todavía nos encontramos con un par de ellas más parecidas a la primera, muy suaves y, bien por malo, bien por rotas, no hubo forma de sacarles mucho rendimiento.

Sin embargo ya con el arnés abierto y planteándome la aproximación final nos entró por el plano izquierdo una térmica que por inercia comenzamos a girar a derechas. El resto las habíamos girado a izquierdas. Quizás por esta aunque posiblemente por alguna otra razón, ésta térmica estaba funcionando bastante mejor que las anteriores. La deriva me estaba arrastrando poco a poco hacia la otra gran campa que hay cerca de la sierra, en las proximidades de Gascueña de Bornova, cuyo único inconveniente respecto de la “oficial” es que hay que dar más vuelta con el coche para llegar hasta ella.

Aunque tenía más fuerza que las anteriores tampoco se trataba de “un termicón” y sin haber alcanzado la altura del despegue la deriva ya me había metido prácticamente encima de Gascueña. Eso sí, parecía que se iba animando por momentos. Cuanto más arriba mayor era la ascendencia. Para cuando llegamos a la altura de lo que sería la cima del Ocejón, a unos dos mil y pico metros, cuatrocientos sobre el despegue, ya se trataba de “una señora térmica”. Un poquito más arriba, cómo no, me encontré con una pareja de buitres que nos ayudaron a mantenernos más cerca de su nucleo y meternos en la nube subiendo a más de 4 metros por segundo. Estábamos a más de 3100 metros… ¡yuuuuuuuuuuuuuhuuuuuuuuu!

Después de estar casi aterrizado es una gozada verte tan alto. Bien, pues tensión a tope y planeando hacia Las Navas de Jadraque. Era un pelín tarde para lograr hacer la ruta hasta los llanos de Sacedoncillo que comentaba en el post de mi anterior vuelo allí. Pero todo lo que nos acercásemos a Muriel sería terreno ganado. Al darme cuenta de las posibilidades reales de la altura que teníamos cambié ligeramente el rumbo hacia la derecha para tirar en línea recta hacia Zarzuela de Jadraque. Por detrás el pantano de Alcorlo y San Andrés del Congosto. A la derecha la cara de Valverde del Ocejón, el pantano de El Vado, los llanos de Tamajón y el pantano de Beleña… los rayos del sol ya camino del horizonte no me dejaban ver con claridad lo que quizá eran las casas más altas de Muriel. Además de los tres pantanos mencionados, a la izquierda, antes Siguenza, pude apreciar otros dos más cuyos nombres no conocía (Pálmaces y El Atance). Y el cielo con bastantes cúmulos, también como no en la dirección hacia la que nos dirigíamos la U2 y yo. En dos palabras: im-presionante.

Antes de llegar a Zarzuela el variómetro comenzó con su dulce melodía: “pí, pí, pípí”. Para terminar de adornar la escena a unas decenas de metros por debajo de nosotros una rapaz nos dibujaba con sus giros la térmica en la que acabábamos de entrar. Con ella nos pusimos de nuevo a unos tres mil y seguimos nuestro rumbo hacia Veguillas.

En las proximidades de Veguillas giramos cositas que parecían avisar de que al sol le quedaba poco tiempo por allí. Tenían un diámetro bastante grande pero apenas se ganaban metros. Alcancé unos 2600, 200 más que con los que había lleguado allí. Finalmente decidí poner rumbo hacia Monasterio, si bien pronto me di cuenta de que con esa altura podría llegar sin problemas hasta Arbancón. De camino dejé a la izquierda Cogolludo y Fuencemillán, y al fondo, ya más cercanos, La Muela y El Colmillo. A la derecha la sombra de la Sierra Gorda no me dejaba encontrar Fraguas, el pueblo abandonado al que subíamos con las bicicletas desde Muriel para coger “palolú” y alucinar con la bajada a toda velocidad desde allí de vuelta hasta el pueblo. No me lo podía creer, estaba allí, muy cerca de todos aquellos recuerdos.

En Arbancón giré algunas cositas suaves con las que no ganamos mucha altura pero que me sirvieron para alargar un poquito aquel dulce momento. Me di cuenta de que alcanzando allí los tres mil metros podría llegar sin dificultad a los llanos de Sacedoncillo sobrevolando Muriel.

Me dirigí hacia una campa cercana al pueblo que desde el cielo parecía perfecta para aterrizar. Al llegar tuve que echarle imaginación para encontrar la forma de entrar en la misma, ya que estaba rodeada de cerros de poca altura que complicaban la aproximación. Finalmente aterricé sin problemas en ligera contrapendiente pasadas las ocho de la tarde tras dos horas de vuelo.

De allí me recogieron mis hermanos Roberto y Ana y a las nueve estábamos en Muriel preparados para la celebración. Un día perfecto, la verdad.

Viernes 25 de julio de 2008, Arcones.

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También había llovido desde mi último vuelo en Arcones. Un par de años creo. Y la verdad es que, tal y como está el camino para subir al despegue, posiblemente pase bastante tiempo hasta que volvamos.

Tal y como me avisó Valín cuando le llamé por teléfono poco antes de salir, se estaba celebrando allí el campeonato nacional de parapente. El despegue habitual, por debajo del camino, estaba lleno de parapentes y no había hueco para un ala. Siguiendo la estela de un coche que subía delante de nosotros con un par de alas seguimos subiendo hasta la vaya que separa Segovia de Madrid, en la misma cima, para montar allí y despegar por encima del camino.

Había bastante viento y la manga de parapente finalmente se suspendió. A mi no me hacía ninguna gracia tampoco, sobre todo porque el despegue de arriba es más llano y nunca había salido desde allí (sí desde encima del camino, pero justo a la altura del despegue “oficial”). Además la idea era despegar escorándonos un poco a la derecha, para no salir por encima de los parapentes, lo que hacía que el viento entrase algo cruzado.

Sin embargo finalmente el despegue fue bastante bueno. Esperé una racha bien enfrentada no demasiado fuerte y corrí manteniendo el ala ligeramente picada.

Valín había salido poco antes que yo tirando hacia la izquierda, hacia las rocas. Con el viento que había se mantenía sin dificultad por encima de la ladera. Yo le seguí y volamos juntos hasta el puerto de Navafría, girando de vez en cuando pero básicamente haciendo ladera. Mi idea era, como no, intentar llegar a Muriel, pero el propio Valín me había desaconsejado hacerlo con tanto viento. En particular le parecía peligroso el fuerte sotavento al otro lado de la montaña.

Sin embargo mi idea era acercarme en la medida de lo posible a Muriel (el sábado era el cumpleaños de mi padre y mi abuelo y nos esperaban por allí) pero no necesariamente metiéndome en el sotavento. Si no podía cruzar por el Pico del Lobo hasta el Ocejón podía seguir por la vertiente norte de la Sierra de Ayllón acercándome en lo posible a Galve del Sorbe y el Alto Rey. Así es que di media vuelta y volví hacia el despegue con esa idea.

La deriva de las térmicas era considerable y las dejaba a medias. Cuando me aproximaba a la zona del despegue vi un ala girando encima de la gravera y decidí salirme en aquella dirección para dar coger la ascendencia más lejos de la cuerda y poder mantenerme más tiempo en ella. Dicho y hecho. Al poco estaba con lo que sería mi techo para ese día, unos 2600 metros. La deriva me había arrastrado no sólo hacia la cuerda sino también hacia el este, dejándome a la altura de Prádena. En esas estaba cuando Sara me dio la graciosa noticia de que me había dejado el móvil en la furgoneta.

Para no complicar las cosas, sobre todo teniendo en cuenta que al día siguiente seguramente lo podría volver a intentar, decidí quedarme y tomar en el aterrizaje oficial. Eso sí, antes me quería quitar bien el mono de Arcones que tenía. Así es que puse de nuevo rumbo hacia el puerto de Navafría, donde volví a llegar, esta vez solo.

Aterricé casi tres horas después del despegue. En la campa había un viento relativamente fuerte y aterricé sin muchas dificultades. El Coci me dijo que tenía que intentar entrar con más velocidad y me dio un consejo que estoy aplicando desde ese día: hacer en dos pasos el cambio de manos de la barra de control a los montantes. Primero una mano, manteniendo el ala picada y con velocidad, y luego la otra. Hasta ahora lo venía haciendo en uno sólo, cambiando las dos manos simultáneamente. Con vientos como el de ese viernes, en dicho gesto mi U2 pierde el ángulo quedándose empujada, disminuyendo así notablemente la velocidad con la que atacamos el planeo final.

Nada como un buen consejo para seguir mejorando: ¡gracias Coci!

Domingo 29 de junio de 2008, Alto Rey.

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Tenía muchas ganas de volver a volar en el Alto Rey. De hecho, aunque mi último vuelo allí fue hace muchos años (14, que se dice pronto), he frecuentado su despegue (en particular) y la zona (en general) en bastantes ocasiones desde entonces.

Esta primavera me alegró ver que lo que es el sitio más seguro para aterrizar (tanto por tamaño como por cercanía al despegue) no estaba sembrado. En su día tuve la mala suerte de vivir una experiencia muy desagradable en la misma de la que no pocos voladores han oído hablar. En aquella ocasión la campa estaba sembrada de trigo y el agricultor que la trabajaba rajó literalmente las cometas a dos de los amigos con los que fui a volar allí. Un tercero, Fidel, mi compañero de cursillo y con el que compartía ala por aquel entonces, estaba todavía volando y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. En el último momento decidió aterrizar en las jaras que rodeaban el campo. Eso le (nos) libró de acabar con el ala rajada también, pero la decisión fue bastante arriesgada ya que, además del peligro de las jaras, había montones de piedra ocultos y dispersos de un tamaño considerable (muy posiblemente procedentes del propio sembrado).

En cualquier caso mi intención si lograba darme un vuelete allí era evitar dicha campa y aterrizar lo más cerca posible de Muriel, donde estaría mi familia y objetivo que gran parte de mis vuelos (cualquiera que realice desde la Muela, el Alto Rey, Arcones y, por soñar que no sea, desde Piedrahita). Un destino bastante complicado desde el Alto Rey por lo abrupto tanto de la Sierra Gorda (que tendríamos que atravesar para llegar en línea recta) como de la vertiente sudoriental de la Sierra de Ayllón (que tendríamos para acceder siguiendo la cuerda por el norte, hasta el Ocejón). Por lo tanto mi plan de vuelo para llegar es accediendo por el sur, bordeando el pantano de Beleña, aterrizando en los llanos de Tamajón, cerca de un pueblo abandonado llamado Sacedoncillo. Algo parecido a esto:

Desde el Alto Rey hasta Muriel rodeando el pantano

En Muriel no me puedo meter ya que no hay aterrizajes seguros para un ala delta. Pero bueno, bajemos de la nube y vayamos al grano. El vuelo del domingo.

La cosa pintaba muy bien. Había estado en el despegue el sábado y entraban rachas bien orientadas y todavía parecía haber cierta actividad en el cielo (es decir, se veían nubecitas chulas). Pero era muy tarde, pasaban ya las seis de la tarde. Siendo un despegue sur-sudeste, lo ideal en días térmicos es despegar antes del mediodía, ya que la orientación se va moviendo con el sol. Las rachas comenzaron a entrar cada vez más de oeste hasta que al final, cuando ya me marchaba, entraban de atrás. Me fui con la esperanza de que llegando prontito el domingo podría por fin darme un vuelo allí.

Y así fue. Aunque fui solo y allí no vuela casi nunca nadie, no faltan personas que suben a ver la ermita. Confiaba en ellas para no despegar solo, algo que siempre hay que evitar pero que en ocasiones hay que hacer (cuando, por ejemplo, estábamos en el despegue con otros voladores y nos hemos quedado los últimos). En mi caso, me ha tocado hacerlo en dos o tres de los aproximadamente trescientos despegues que he realizado. El viento estaba muy bien, con rachas que llegaban a ser fuertes en algún momento pero suave en general, y monté el ala con la esperanza de que alguien apareciese cuando todo estuviese listo. Así fue también.

Despegué como a la una y media acompañado de familia de Puebla de Beleña que gentilmente esperaron unos minutos antes de subir hasta la ermita. Nada más salir giré hacia la izquierda bordeando los cortados de piedra sobre los que se construyó la misma y no tardé en ganar altura al despegue. La abundancia de térmicas en la zona me permitió ponerme a varios cientos de metros en poco tiempo así como mantenerlos durante todo el tiempo que estuve en la sierra. Un buen puñado de buitres que despegaban de las rocas de la parte oriental me acompañaron también mientras estuve por allí.

La deriva de las térmicas era lo suficientemente notable como para hacerme dejarlas casi siempre antes de llegar al techo, para evitar meterme en el valle de atrás. Pasado el mismo, ya en el interior de Soria, se estaba comenzando a formar una tormenta de tamaño considerable. Esto, junto con el hecho de que comenzaron a formarse nubes en el valle me animó a salir hacia el mismo. Al hacerlo y entrar en la ascendencia más lejos de la sierra podría mantenerme durante más tiempo en la misma y ganar más altura, llegando quizás a la nube. Lo hice en un par de ocasiones o tres logrando ponerme a unos 2600 metros, unos 800 sobre el despegue. Aunque no llegué a meterme en la nube, sin duda estuve cerca.

La tormenta seguía creciendo y parecía ya lamer el valle de atrás, todavía a varias decenas de kilómetros del Alto Rey, y decidí alejarme definitivamente. Con el techo que comentaba y más o menos una hora después del despegue, tensé la cometa y puse rumbo hacia Las Navas de Jadraque, donde tengo controlada una campa bastante maja.

Sobrevolé Bustares y llegué a la campa de Las Navas sin problemas, ligeramente por debajo de la altura del despegue. Allí me encontré una térmica que decidí tantear. Su ascendencia no era mala, pero la deriva era considerable. La dejé para buscar otra en la que, aunque derivando igual, se subiese con mayor velocidad. Mi gozo en un pozo. Las que encontré fueron muy similares y al final me agarré a una para no tener que aterrizar.

Su deriva me fue lentamente acercando de nuevo a Bustares y apenas logré ganar metros. Abajo los chopos estaban bastante arqueados y parecía haber bastante viento. Posiblemente desde donde estaba ya no podría llegar al lugar de donde venía, a la campa de Las Navas. Viendo que la deriva me iba a meter ya por detrás de Bustares decidí aterrizar en una campa bastante grande que tenía cerca , al lado de la carretera (curiosa, curiosa. En muy buen estado pero… ¡de un solo carril para los dos sentidos!) que une ambos pueblos.

Efectivamente en el suelo había un viento considerable, lo que facilitó mucho la toma en una campa verde como ella sola. Después de recoger me tocó subir andando hasta el despegue para recoger el coche. Una hora y media de pateo. Pero sarna con gusto no pica… ¡vuelete!