Archivo de la categoría: Wills Wing U2 160

Sábado 27 de junio de 2009, Alto Rey

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Prádena de Atienza

Prádena de Atienza

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Miércoles 8 de abril de 2009, Alto do Rodicio

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Descubriendo el Alto do Rodicio, en Xunqueira de Espadanedo (Ourense)

Cañon del Sil y Monforte de Lemos

Coronando Cabeza da Meda, con el Cañón del Sil detrás.

Fotos

Jueves 19 y viernes 20 de marzo de 2009, El Yelmo.

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¿Qué mejor lugar para comenzar la temporada que el valle que tuvo que cruzar mi madre para nacer? Mi abuela de vez en cuando nos recuerda lo mal que lo pasó para llegar a Orcera desde La Puerta de Segura en busca de ayuda para dar a luz a mi madre. Un viaje a lomos de un burro junto a mi abuelo en el que se vieron forzados a parar en repetidas ocasiones para no “soltarla allí mismo”, como ella dice. Alguna de aquellas paradas seguro que fue muy cerca de la solitaria zona sin olivos donde me gusta aterrizar cuando las condiciones me lo permiten.

El jueves, por ejemplo, no me lo permitieron. La teoría es que con la fineza de la U2 se podría llegar de planeo desde el despegue hasta dichos prados. Pero si el viento está un poco cruzado de norte, como era el caso, la verdad, hay que tener mucho valor para cruzar ese auténtico mar de olivos que hay que sobrevolar por el camino. Para hacer dicha transición con tranquilidad a mí me gusta ganar varios cientos de metros sobre el despegue. Y el jueves, como comentaba, no pude ganar muchos. Pero al menos pude estrenar temporada, que no es poco.

Despegué bastante tarde porque, aunque llegamos arriba a una hora bastante decente, el viento estaba de atrás, de levante. Pero eso sí, para que nadie se moviese de allí, de pascuas a ramos nos daba esperanzas con alguna rachita bien encarada. Y ya se sabe, con el sol cruzando nuestro techo en busca del poniente la cosa, en principio, debería ir a mejor. Una situación bastante frecuente en El Yelmo, por lo menos para mí. El caso es que en más de una ocasión la teoría allí me ha fallado, y me ha tocado desmontar arriba. Además en esta ocasión tenía que subir el ala desde algo más abajo de la última curva que hay antes de que la carretera corone El Yelmo: un buen montón de nieve impedía el paso con el coche. Así es que decidí esperar un poco y observar como evolucionaban las condiciones antes de ponerme a montar.

Había un buen grupo de parapentistas. Además del perenne Alf, estaba un inglés y un grupo de murcianos que habían ido a volar sólo ese día (el viernes no era fiesta en Murcia). Uno de ellos, Richard, me comentó que había terminado un curso de ala y que tenía muchas ganas de comenzar a volar con ella por su zona, Zarcilla creo recordar. Me habló maravillas de dicha zona de vuelo, una ladera de muchos kilómetros con bastante actividad térmica. Me remitió a la página murciavuela.com para que averiguase más de las zonas de vuelo en Murcia.

En cuanto las rachas comenzaron a ser más frecuentes Richard y sus compañeron fueron despegando y yo me animé a montar. Algunos lograron remontar algunos metros al despegue girando cositas que parecían suaves, pero en poco más de media hora estaban todos aterrizados. Pasadas las cinco y media despegué yo, bastante bien para llevar más de cinco meses sin hacerlo.

Giré una térmica muy suave a la derecha del despegue que finalmente abandoné más o menos a la misma altitud que tenía cuando me la encontré. Por un momento enfrenté el ala hacia La Puerta, pero enseguida me di cuenta de que con esa altura no iba a disfrutar nada del planeo y decidí tirar hacia la campa de Cortijos Nuevos. Por el camino giré una cosilla suave con resultados similares a los obtenidos anteriormente. Poco después estaba preparando la aproximación.

No tenía manga ni encontraba ninguna pista sobre la dirección del viento. Al final aterricé con el viento un pelín de la derecha sin demasiadas complicaciones.

Track del vuelo del jueves

El Yelmo y pulsadorEl viernes la cosa salió mucho mejor . Despegué dos horas y media antes, sobre las tres de la tarde, y después de buscar un poco encontré una térmica que me permitió ganar unos quinientos metros sobre el despegue… ¡ahora sí! ¡a La Puerta! 🙂

Por el camino, planeando con la tranquilidad que da la altura, me puse a hacer fotos de todo. De El Yelmo , Segura de la Sierra , Orcera , Torres de Albánchez y de La Puerta , sobre todo de La Puerta, donde está la casa de mis abuelos. Mi intención era sacar alguna foto chula para regalar a mis familiares, pero en algún momento cambié sin saberlo la configuración de la cámara y comencé a hacer todas las fotos con un tono azulado. Otra vez será. 😦

Encima de una pequeña cantera giré otra térmica con la que gané unos doscientos metros. Después de darme un paseo por el valle sin encontrar mucho más con lo que alargar el vuelo aterricé. Lo hice en una campa que me parecía más segura que en la que lo hago habitualmente, más cerca de La Puerta pero un pelín “hundida”, sotaventada y con unos cables de alta tensión en la zona de la aproximación.

La nueva alternativa está mucho mejor. Se encuentra en la carretera que sube a Orcera desde La Puerta, poco después de abandonar la carretera que lleva hasta Cortijos Nuevos. Lo que pasa es que posiblemente gran parte del año esté sembrada. Aterricé sin problemas después de hora y media de vuelo y lo celebramos con unas cerves en Segura.

Un buen comienzo de temporada, sobre todo teniendo en cuenta que el invierno todavía no había terminado de terminar.

Track del vuelo del viernes

Sábado 20 de septiembre 2008, Alto Rey

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El último vuelo del año fue en la zona en la que, rompiendo cualquier pronóstico que hubiese podido hacer, más y mejores vuelos disfruté.

El viento estaba ligeramente cruzado de la derecha, lo que hizo que el comienzo del vuelo se desarrollara por encima de Gascueña de Bornova y Prádena de Atienza. Tras varias intentonas en las que el viento y la deriva siempre volvían a colocarme entre estos dos pueblos, finalmente logré llegar hasta Bustares con cierta altura. No mucha, pero suficiente como para llegar a las campas grandes que hay camino de Las Navas de Jadraque. Para mi sorpresa justo encima del puente trinqué una térmica bastante maja que girándola a izquierdas nos subió de nuevo a unos 2800.

Con esa altura decidí poner rumbo hacia unos prados inmensos (en la siguiente foto se ven arriba a la derecha) que hay antes de entrar en un zona con muchas curvas camino de Las Navas de Jadraque:

Las Navas de Jadraque

El rumbo lo llevaba ligeramente modificado hacia el oeste con una segunda intención. Si lográbamos ganar más altura podríamos llegar hasta La Nava de Jadraque, al lado de la carretera de Galve del Sorbe. Allí tenía controlada una campa decente, no tan buena como estos prados de Zarzuela, pero mucho mejor para la “recogida”.

El caso es que según nos íbamos acercando a la vertical de los prados me di cuenta de que con aquella altura podíamos llegar perfectamente hasta La Nava. Así es que finalmente terminé de orientar el ala hacia el oeste, quedando el Ocejón delante de nosotros, y apretamos los sables para planear hasta allí.

Por el camino sobrevolamos El Ordial y Arroyo de las Fraguas y finalmente llegamos a la campa de La Nava con altura suficiente como para buscar algo por allí.

No encontramos nada y decidí preparar la aproximación. La campa era grande pero tenía (y tiene) un árbol justo en el centro, por lo que la cosa merecía toda la atención posible. El aterrizaje fue correcto, aunque la tuve que correr y se me desvió al final un poquito a la derecha.

Y fin de temporada. En total fueron veintiún vuelos con los que la U2 160 me dejó un buen sabor de boca de cara al invierno. Me da bastante confianza en los despegues con poco viento, aunque tengo que hacer un mayor esfuerzo que con mis anteriores alas por mantener el ángulo cuando el viento es más fuerte. Girando es muy cómoda, mucho más que la Laminar ST 13 con la que tenía la sensación permanente de “colarme” en la térmica, pero sin duda no tanto como mi vieja XS, qué parecía girar sola. En las transiciones sin embargo es una gozada, un planeo más que decente sin el cabeceo que me solían hacer aquellas. En las tomas es donde la (me) pondría la puntuación más baja. Sin duda no es un problema de la cometa, sino de su tamaño para mi peso. Algo menos de vela hubiera sido lo ideal, pero creo que con el lastre la situación está más o menos controlada de cara a esta nueva temporada que se nos echa encima…

¡hola!

¡¡¡A VOLAR!!!

Viernes 5 y lunes 8 de septiembre de 2008, Castejón de Sos.

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Tuca de Urmella (2532m)Siempre estará mi recuerdo como una de las zonas de vuelo más sobrecogedoras de todas las que he conocido. Porque lo es, pero además porque la primera vez que volé en ella me pilló en un momento en el que, aunque llevaba ya unos años volando, todavía no conocía lo que era hacerlo entre montañas de estas dimensiones. Fueron unas vacaciones inolvidables junto a Matilde, Fidel y Ricardo en las que empezamos volando en Arangoiti (Lumbier, Navarra), seguimos haciendo lo propio en Loarre (Huesca) para terminar en este popular valle de la Ribagorza. Aquel verano de 1996 siempre lo recordaremos también por la tragedia que tuvo lugar a pocos valles de aquel, en el camping Las Nieves de Biescas. Aquella misma tarde nosotros cuatro nos cobijábamos de las tormentas en nuestras tiendas de campaña, también en un camping situado a pocos metros de un río… los móviles todavía no eran de uso generalizado y la cabina del camping Alto Ésera tuvo pocos minutos de descanso hasta bien entrada la noche. Pero bueno, volvamos al post, que enseguida “me voy por las nubes”.
Ambos vuelos fueron similares en cuanto a duración (cerca de la hora y media), techo (las nubes estaban a 2700 el viernes y a 2800 el lunes), máximas ganancias (sobre los 3 m/s) y rumbo (hacia delante en busca de la Sierra Calva y lento retroceso hacia el aterrizaje (sobrevolando el Congosto del Ventamillo y Chía ) tras llegar a la vertical de Gabás con unos 1.800 metros). En ambos me metí ligeramente en las nubes y en ambos compartí ratos con los buitres de la zona. Sólo el comienzo y el final fueron claramente distintos.

En el primero no tardé ni en despegar ni en trincar poco después a la derecha del despegue. El lunes sin embargo un viento muy flojo nunca quería soplar bien orientado, y recorrí con el ala a cuestas prácticamente todo el despegue, bajando cada vez más en busca de una mayor pendiente. En un momento dado logré salir corriendo mucho con una racha que tampoco fue ninguna maravilla. Fue correcto, sobre todo teniendo en cuenta la baja densidad que tiene el aire a los más de 2.300 metros de altitud que tiene este despegue.

Ésera entrando al Congosto del VentamilloAmbos aterrizajes fueron en la campa oficial, pero el viernes tomé de sur y con viento racheado, mientras que el lunes lo hice de norte prácticamente con viento cero. Tal y como había decidido en el vuelo de Baltar, volé con un lastre de 3 kilos saliendo además con litro y medio de agua en la camelback. Este peso adicional me pilló desprevenido en el primero de los aterrizajes en el que, dada mi falta de experiencia “lastrado”, terminé hincando las rodilleras debido a la inercia de mi “nuevo” peso. En el segundo, ya prevenido, logré tomar sin perder la vertical a pesar del viento cero que aplastaba la campa.

En estos vuelos por fin pude hacer algo que llevaba tiempo intentando pero que hasta entonces no había logrado todavía a bordo de la U2: ¡¡¡fotos!!!

Aunque no logré salir del valle y llegar Campo como soñé desde alquilamos allí la casa, fueron vuelos los dos de los que se te quedan grabados para siempre, incluso sin fotos.

El Turbón y el collado de...

Espero volver antes de que pasen otros doce años.

Miércoles 20 de agosto de 2008, Sierra de Larouco.

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Este pasado fin de semana ya se han dejado ver los buitres girando cositas bastante chulas. Me pongo malo cuando les veo volar después de todo un invierno de abstinencia total. Son las primeras señales que avisan de la proximidad de la nueva temporada… ¡y yo con estos pelos! ¡cuatro vuelos del año pasado sin postear!

El miércoles 20 de agosto fuimos a Baltar, en la Sierra de Larouco, en el sur de la provincia de Ourense. Estábamos de vacaciones en Galicia y yo hacía tiempo que le tenía ganas a esta zona mitad gallega y mitad portuguesa de la que tanto había oído hablar. Ya había estado allí hacía tiempo, pero las condiciones no fueron buenas y nos limitamos a conocer sus múltiples despegues y sus no tan abundantes ni claros aterrizajes (al menos para alas delta).

Sin embargo aquel miércoles tenía muy buena pinta y, teniendo predominio de vientos de norte, sólo me quedaba descubrir cual era el aterrizaje oficial en Baltar. En mi anterior visita había logrado encontrar, no sin dar vueltas, el aterrizaje oficial de Gralhas, el pueblito portugués en el que se toma en los vuelos de sur. Sin embargo en Baltar vimos muchas posibles campas, todas con algún “perooo” y ninguna con alguna prueba definitiva que la delatase (es decir, con una manguita o similar). No tuvimos más suerte aquél día.

Tras dar varias vueltas sin encontrarla pregunte a unos chicos del pueblo. Me contestaron que podía aterrizar donde quisiera, que no había ningún problema y que nadie se iba a molestar. Así es que elegí la campa más grande y verde de todas y le coloqué una pequeña manga improvisada, atando papel higiénico en el extremo de una rama y clavando ésta en una alpaca. Cuando volví al coche mi hija tenía un berrinche tremendo. Lloraba desconsolada porque papa le había hecho pupa al árbol cortándole una rama. Y no le faltaba razón. Y el karma no tardaría en cobrarse mi osadía.

La alpaca en la que clavé la rama junto con media docena más de sus semejantes eran uno de los “peros” de la campa. Estaban en un lateral (qué se aprecia muy bien en el mapa porque es la única zona que no es verde) pero tenían un diámetro de metro y medio más o menos. Como para tenerlas muy presentes. Sin embargo no eran lo único feo del aterrizaje. La campa, aunque amplia, está entre dos filas de árboles de un tamaño considerable que sin duda podrían meter turbulencias que complicasen el planeo final. Pero bueno, vamos al grano, que me estoy adelantando.

Los dos despegues de norte están muy cerca el uno del otro y tienen pocos grados de diferencia en cuanto a orientación (unos veinte calculo, así de memoria). En días en los que el viento no está claramente definido ambos hechos se alían para que, por un lado los forasteros como yo no tengan muy claro cual de ellos montar el ala y, por el otro, permitir desplazarnos al otro con el ala ya montada si finalmente elegimos el lugar equivocado.

Nos sorprendió encontrarnos el terreno de ambos sin nada de vegetación y lleno de agujeros, algunos tremendos. Al pisar se levantaba bastante polvo y resultaba bastante sucio y desagradable. Finalmente opté por montar en el de la izquierda: dos de cada tres rachas entraban bien por allí y además había unos restos bastante grandes de moqueta (de alguna competición imagino) que podrían servir para que las chicas se pudiesen sentar sin mancharse demasiado.

Cuando estaba montando el ala apareció una furgoneta que aparcó en el otro despegue. Estando allí al lado decidí ir a presentarme y preguntarles por el aterrizaje oficial. Resultó que no eran parapentistas como pensaba, sino dos chicos que estaban preparando los despegues para meterles riego con el que mantener césped allí arriba. Sin duda eso lo hará mucho más agradable. Pero del tema del aterrizaje no tenían ni idea tampoco.

Cuando terminé de montar, tal y como me temía, la cosa había cambiado. Ahora las rachas eran 4 a 1 a favor del despegue de la derecha. Tras varios minutos de espera bajo el ala decidí ir con ella hasta el otro despegue. No fue para tanto al final, en poco tiempo estaba allí listo para despegar.

El terreno estaba demasiado “suelto” y la carrera para despegar me resultó incómoda. Imagino que ese fue el motivo por el que me tiré a la piscina, es decir, me dejé caer antes de que el ala me sacase a mí a volar. Por suerte cuando lo hice ya había alcanzado bastante velocidad y despegué sin ningún problema.

El principio del vuelo me resultó un tanto extraño, un tanto incómodo también. La forma de la ladera me resultaba extraña aunque por otro lado era lo más normal: después de todo era mi primer vuelo allí. Poco después creí identificar los dos factores que me confundían. El despegue se encuentra situado como en un saliente bastante redondeado de la montaña, lo que hace que tengas una sensación permanente de estar metido en una suave fuga. Por otro lado, en lo relativo a la forma de su componente vertical, también se trata de un caso atípico: por encima de los despegues la pendiente sigue aumentando, pero poco. No es un altiplano, pero tampoco una ladera. En resumen mi sensación era como si estuviese volando en la cima de un balón.

Si hubiese pillado alguna térmica fuerte quizá no habría tenido esa sensación, pero las que giré fueron suaves y en cuanto las perdía y ponía rumbo al valle tenía la sensación de que me podía quedar encima de un pino si me enganchaba una descendencia. Estuve más de media hora en ese plan y al final, no teniendo claro el seguir la sierra en ninguno de sus sentidos decidí salir al valle. Gran acierto.

Justo delante de los despegues hay una montañita que debe hacer las delicias de los pilotos locales. Al sobrevolarla tuvimos la suerte de encontrarnos con la mejor de todas las térmicas que habíamos pillado hasta ese momento. Ganamos unos 500 metros sobre el despegue y cuando la perdimos decidí tirar hacia adelante, hacia Baltar. Por encima del pueblo estuvimos girando cositas que no terminaban de dispararse. Dudé si seguir intentándolo por allí o tirar de nuevo hacia la ladera. Finalmente hice esto último, pero quizás ya un poco tarde.

Volviendo hacia la ladera vi una campa grande en los pies de la montaña rodeada por un camino que subía hacia los despegues (se trataba de la continuación del camino por el que habíamos subido nosotros). Parecía una buena opción para aterrizar si finalmente me quedaba corto para llegar hasta la que había planeado. Pero no me quedé corto.

No pillé mucho más en mi vuelta a la ladera, de hecho llegué bastante bajito y decidí salir de nuevo, esta vez directos hacia la campa. Llegué sin problemas pero no tenía altura ya para andar jugando con termiquillas tontorronas en una zona que no conocía. Así pues me concentré en la toma.

El viento parecía más fuerte de lo que yo había sentido durante el vuelo. Hice un par de ochos por detrás de la carretera OU-1109 (la que va hacia Portugal) tras el último giro a derechas encaré la campa en diagonal, en sentido sur-norte. Piqué con fuerza e hice el cambio de manos en dos fases tal y como me había propuesto Coci en Arcones. Hasta ahí todo bien. El problema vino después, cuando ya casi estábamos aterrizados.

Corriendo con la U2, o a punto de empezar a correr, en la mismísima recta final del aterrizaje, nos enganchó el rotor de los árboles que teníamos a nuestra derecha. En lugar de pararse definitivamente, el ala se me fue desviando progresivamente hacia la derecha sin perder velocidad. No era capaz de rectificar el rumbo ni de parar. Al final me tropecé y caímos, de una forma no demasiado brusca, pero el viento estaba tan guarro en esa zona que el ala terminó por boca arriba y yo me quedé encima de ella.

Por suerte la cosa en cuanto a daños no fue gran cosa. No me hice daño y en el ala sólo un montante se dobló sin llegar a romperse. Pero es desagradable sentirse así de vendido. Aunque adelantando el cuelgue y haciendo el cambio de manos en dos pasos la cosa había mejorado, la U2 seguía siendo algo grande para mi peso. O mi peso algo escaso para la U2. El que no busca soluciones es porque no quiere.

Me había resistido hasta ese día pero ya tenía claro que tocaba sí o sí: un lastre de 2-4 kilos me podía hacer ganar algo de mando que sin duda necesitaba para tomar con más seguridad. Llenando a tope de agua la camel-back podría ganar más de un kilo (casi siempre la llevo vacía o casi vacía).

Luego llegó Sara y me comentó lo del accidente en Barajas. Mi hermana estaba de vacaciones en Canarias y todavía no se sabía casi nada del avión que se había estrellado. Casi nada excepto que era un vuelo de Canarias. La llamé y por fin descansé cuando me dijo que estaban bien.

Un día un tanto feo, sin duda. Por eso quizá me he resistido tanto a contarlo.

Sábado 9 de agosto de 2008, Alto Rey.

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Mi cuñada y yo nacimos el mismo día, el 7, del mismo mes, agosto, del mismo año, 1973. El jueves había sido pues nuestro cumpleaños y decidimos celebrarlo en familia el domingo en Muriel. Quedaba así el sábado como un día ideal para volver al Alto Rey si las condiciones acompañaban. Y acompañaron.

La calle de nubes pasaba justo por encima del despegue y hacia el sur no había ni una sola condensación hasta la A-2. Monté por encima del camino porque el terreno estaba menos seco en esa zona. Mientras montábamos llegó una pareja catalana cuyo Mercedes empezó a echar vapor por el capó al poquito de parar el motor. Según me contó Sara, intentaron bajar después con el motor parado, pero el coche así apenas frenaba y finalmente tuvieron que dejarlo en la base militar abandonada y bajar con ella hasta Bustares.

El despegue fue posiblemente el peor que he realizado hasta la fecha con la U2, o al menos el menos controlado. ¿Motivo? Como me di cuenta poco después de despegar, me había olvidado de quitar la tensión que había puesto casi a tope en el montaje. Y sumado a esto el viento estaba ligeramente cruzado de la derecha. Nada más comenzar la carrera el ala se me desvió ligeramente hacia la derecha encarándose al viento y, ante mi sorpresa, mis correcciones no modificaron para nada dicho rumbo. Por suerte no había en nuestro “nuevo” camino ningún obstáculo y despegamos sin mayores consecuencias.

La cosa estaba muy bien, enseguida nos colocamos por encima de las antenas y después de un rato rastreando la zona una térmica nos subió hasta la nube justo en la vertical de la ermita. Todo iba viento en popa de cara a conseguir mi eterno objetivo: altura casi record para mí, unos 3400 metros, y recién despegado con toda la tarde por delante (serían las tres y media, más o menos). Así es que sin más puse rumbo hacia Zarzuela de Jadraque ya que con la altura que tenía llega perfectamente hasta sus campas.

Al llegar ya tenía la mosca detrás de la oreja: el planeo hasta allí había sido plácido y agradable. No habíamos atravesado ningún tipo de turbulencia de esas que hacen pitar al vario que suelen tener una térmica más cerca que lejos. Sin embargo al llegar a Zarzuela, con unos 2000 metros, el vario comenzó a marcar una ascendencia, suave, pero algo es algo. La giré con mucha paciencia y pude ganar unos cien metros antes de dejarla en busca de algo mejor. Fue el principio de una larga estancia sobre Zarzuela.

Una estancia que rondó las dos horas y en la que estuvimos subiendo y bajando cual yoyó entre los 2000m que comentaba y los 1700m. El estancamiento básicamente venía dado por los 5 km sin aterrizajes que hay entre Zarzuela y Veguillas. En condiciones ideales, estando las campas a unos mil metros de altitud serían suficientes 1500 para llegar, es decir, 500 sobre ellas (considerando una fineza de 1:10, un metro que pierdo, diez que avanzo). Pero las condiciones no eran ideales: el viento lo tenía totalmente enfrentado, lo que me restaría avance sobre el terreno en una proporción directamente proporcional a su fuerza. Pero mi altura estaba ahí y en ocasiones pensaba que podía llegar sin dificultad y en otras que no merecía la pena arriesgarse.

Y en principio ganó el “ángel” conservador. En el enésimo regreso desde el pinar hacia Zarzuela, dos horas y pico después de haber despegado, decidí aterrizar en la campa más segura de las que había visto por allí. Pero cosas del vuelo, basta que tires la toalla para que finalmente te salga ese otro plan que tanto tiempo habías deseado.

Cuando ya estaba planteándome abrir el arnés, a unos 1200 metros, atravesamos una térmica a la que no pude decir que no. Parecía distinta, más fuerte que todas las anteriores. La giramos y la deriva nos fue desplazando de nuevo hacia atrás, hacia Zarzuela. Según ganábamos altura la fuerza iba disminuyendo y parecía más de lo mismo. Al final la sensación que me dejó es que era exactamente igual que las otras térmicas y que simplemente a esa altura, más abajo, la ascendencia era más fuerte. Pero esta nos dejó a unos 2200m en la vertical de Zarzuela. Por enésima vez pusimos “rumbo Veguillas”.

Teníamos unos 1200m de desnivel para recorrer los 6 km. que nos separaban de las campas de Veguillas. Parecía suficiente y finalmente lo fue. Llegamos unos 300 metros por encima de las campas y todavía jugueteamos por las faldas de la Sierra Gorda con alguna termiquilla antes de tomar en una de ellas. Me había metido la cámara en el arnés para hacer fotos desde el ala, pero una vez en colgado me resultó imposible sacarla. Para matar el gusanillo le hice una a la campeona allí aterrizada:

U2 en Veguillas

Después, antes de que hubiese terminado de plegar llegaron Ana y Rober con una sorpresita: Jose María. Mojamos el encuentro con unos botijos (¡a 70 céntimos!) en un (el?) bar de Veguillas.